Oquedad
por una existencia
que se consume,
aliviado
por su desgarrador destino,
que un contrato,
ya vivido,
es el ultimo versiculo,
solo suplicios.
Que llora
un sublime texto,
que las hojas
de la decencia,
se corroen
en martirio divino...
Efímera lujuria
regalas,
a un alma
lasciva,
que en un oráculo
concibe,
la pena de los
diez
le caen encima,
la portada hebrea
intenta decidir
su destino,
más la Bestia dictará
el camino.
Viviendo en tí,
fiel discipulo,
que contrae
las consecuencias,
de ser más...
Que la soberbia se cobra,
¡Arder!
en nuestro
placentero lecho
sodómico...
En aquel
pentáculo,
invertido a las luces,
ceguera difamada de verdad,
donde los templos
surgen,
y te venden
un alma en paz.
Ahí vive el maestro,
que nos enseña
a amar...
El martirio y
con su sangre vivir,
y recrear su dominio...
por una existencia
que se consume,
aliviado
por su desgarrador destino,
que un contrato,
ya vivido,
es el ultimo versiculo,
solo suplicios.
Que llora
un sublime texto,
que las hojas
de la decencia,
se corroen
en martirio divino...
Efímera lujuria
regalas,
a un alma
lasciva,
que en un oráculo
concibe,
la pena de los
diez
le caen encima,
la portada hebrea
intenta decidir
su destino,
más la Bestia dictará
el camino.
Viviendo en tí,
fiel discipulo,
que contrae
las consecuencias,
de ser más...
Que la soberbia se cobra,
¡Arder!
en nuestro
placentero lecho
sodómico...
En aquel
pentáculo,
invertido a las luces,
ceguera difamada de verdad,
donde los templos
surgen,
y te venden
un alma en paz.
Ahí vive el maestro,
que nos enseña
a amar...
El martirio y
con su sangre vivir,
y recrear su dominio...
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