esthergranados
Poeta adicto al portal
Creen que es alergia, pero es amor. Yo le digo a mamá que no quiero ir al médico, pero ella solamente se fija en mis ojos enrojecidos y llorosos, y se empeña en que debo ir a visitar al doctor. Ya no se que decirle.
Mi madre cree que es la primavera con su cargamento de polen, o el pobre gato, al que no dejan que se me acerque, y lo recluyen en el cuarto de los trastos cada vez que llego. Si supiera que yo soy la causa de su "cautiverio" me arañaría sin piedad.
Pasan constantemente la aspiradora para evitar que haya polvo y han declarado la guerra a los ácaros que, según dicen, campan a sus anchas por los almohadones y el colchón.
Pero no es ninguna de esas la razón de mis molestos "síntomas". La razón se llama Julia y vive en el piso de al lado, tiene el pelo rubio y una mirada soñadora que me fascina...Desgraciadamente no soy yo la causa de su ensoñación, a mi solo me regala una sonrisa cuando me cruzo con ella en la escalera mientras baja los peldaños de dos en dos para encontrarse con su novio.
Yo entonces subo deprisa a casa con el corazón dando saltos en mi pecho, abro la puerta precipitadamente y me encierro en mi cuarto a llorar.
Cuando salgo, a la hora de la cena, mamá me mira preocupada e insiste en que pida cita con el alergologo.
Mi madre cree que es la primavera con su cargamento de polen, o el pobre gato, al que no dejan que se me acerque, y lo recluyen en el cuarto de los trastos cada vez que llego. Si supiera que yo soy la causa de su "cautiverio" me arañaría sin piedad.
Pasan constantemente la aspiradora para evitar que haya polvo y han declarado la guerra a los ácaros que, según dicen, campan a sus anchas por los almohadones y el colchón.
Pero no es ninguna de esas la razón de mis molestos "síntomas". La razón se llama Julia y vive en el piso de al lado, tiene el pelo rubio y una mirada soñadora que me fascina...Desgraciadamente no soy yo la causa de su ensoñación, a mi solo me regala una sonrisa cuando me cruzo con ella en la escalera mientras baja los peldaños de dos en dos para encontrarse con su novio.
Yo entonces subo deprisa a casa con el corazón dando saltos en mi pecho, abro la puerta precipitadamente y me encierro en mi cuarto a llorar.
Cuando salgo, a la hora de la cena, mamá me mira preocupada e insiste en que pida cita con el alergologo.