Daniela Albasini
Poeta asiduo al portal
Su incógnita imagen despejada
se reflejaba en el profundo azul del cielo,
en el atardecer del día,
en el anochecer del alma,
allá donde mil suspiros se funden
en una sola y eterna palabra.
¡Dios sabe cuántas noches en vela!
¡Cuántos pensamientos amargos!
¡Cuántas preguntas sin respuesta!
¡Cuántos sueños rotos!
¡Qué días aquéllos!¡Qué largos!
Sábanas de nubes arroparon su cuerpo,
el viento airado envolvió su cabello,
se oyó el lamento de un perro,
a lo lejos sonó un silbato.
La vida seguía monótona
a pesar de su dolor callado.
La cabeza se le quedó en blanco,
una lágrima suave caminó por su mejilla,
y pensó en su madre.
La infancia retornó a su memoria,
con sus risas alegres y sus sombras,
sus hermanos queridos,
sus compañeros y amigos,
todos sus sentimientos
fueron bienvenidos.
Su voz dulce entonó un villancico
de aquella música popular,
de su vasta y amada tierra,
de la más pura tradición oral,
con aires de folklore, fuego y candela.
A la luz del recuerdo se durmió en el llano,
esperando un futuro,
olvidando un pasado.
Tal vez nunca existió aquel incidente,
puede que su memoria inventara,
y de aquella manera amable,
simplemente le jugara
una mala pasada.
En el jardín de la casa centenaria,
un murciélago revoloteó
casi rozando su pelo,
olían aromáticas las flores
que derrochan fragancias
en las cálidas noches.
Sintió que la sangre volvía a sus mejillas,
sintió que el corazón recuperado
latía al ritmo perdido.
Se levantó despacio y silenciosa,
sonrió levemente y arregló sus ropas.
se reflejaba en el profundo azul del cielo,
en el atardecer del día,
en el anochecer del alma,
allá donde mil suspiros se funden
en una sola y eterna palabra.
¡Dios sabe cuántas noches en vela!
¡Cuántos pensamientos amargos!
¡Cuántas preguntas sin respuesta!
¡Cuántos sueños rotos!
¡Qué días aquéllos!¡Qué largos!
Sábanas de nubes arroparon su cuerpo,
el viento airado envolvió su cabello,
se oyó el lamento de un perro,
a lo lejos sonó un silbato.
La vida seguía monótona
a pesar de su dolor callado.
La cabeza se le quedó en blanco,
una lágrima suave caminó por su mejilla,
y pensó en su madre.
La infancia retornó a su memoria,
con sus risas alegres y sus sombras,
sus hermanos queridos,
sus compañeros y amigos,
todos sus sentimientos
fueron bienvenidos.
Su voz dulce entonó un villancico
de aquella música popular,
de su vasta y amada tierra,
de la más pura tradición oral,
con aires de folklore, fuego y candela.
A la luz del recuerdo se durmió en el llano,
esperando un futuro,
olvidando un pasado.
Tal vez nunca existió aquel incidente,
puede que su memoria inventara,
y de aquella manera amable,
simplemente le jugara
una mala pasada.
En el jardín de la casa centenaria,
un murciélago revoloteó
casi rozando su pelo,
olían aromáticas las flores
que derrochan fragancias
en las cálidas noches.
Sintió que la sangre volvía a sus mejillas,
sintió que el corazón recuperado
latía al ritmo perdido.
Se levantó despacio y silenciosa,
sonrió levemente y arregló sus ropas.