Javier Gausi
Poeta recién llegado
Decir adiós no es decir nada que no supieras
de antemano, cómo se apaga la luz o se quiebra el día,
el agua envuelve con la ola y cubre serena en melodía
los recuerdos vanos de éstas nuestras vidas pasajeras.
Decir adiós no está reñido con el tiempo, si fueras
acaso un rayo de sol entre las nubes o el final de la ría
que en el mar desembocara, la bruma espesa, blanca y fría
que acompaña, las risas de estas vidas nuestras lisonjeras.
Quizá mejor marcharse con lo puesto, la mano al frente
y el suave murmullo del silencio, la aurora que despierta
el arte de lo inesperado: un breve y conciso duelo con la muerte;
ese camino andado y ese final a veces, pero no su suerte,
la meta que al cruzar de pronto, se cierne en esperanza,
o el lapso del tiempo que yace en uno mismo inherte.
de antemano, cómo se apaga la luz o se quiebra el día,
el agua envuelve con la ola y cubre serena en melodía
los recuerdos vanos de éstas nuestras vidas pasajeras.
Decir adiós no está reñido con el tiempo, si fueras
acaso un rayo de sol entre las nubes o el final de la ría
que en el mar desembocara, la bruma espesa, blanca y fría
que acompaña, las risas de estas vidas nuestras lisonjeras.
Quizá mejor marcharse con lo puesto, la mano al frente
y el suave murmullo del silencio, la aurora que despierta
el arte de lo inesperado: un breve y conciso duelo con la muerte;
ese camino andado y ese final a veces, pero no su suerte,
la meta que al cruzar de pronto, se cierne en esperanza,
o el lapso del tiempo que yace en uno mismo inherte.