Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
No soy yo:
es la huella de mi propia apariencia.
Y me desdoblo,
y en otro yo la amo,
como el yo primero ama.
Y odio su impertinente ausencia.
Dichosos los ojos que la ven.
Desdichados aquellos
que de verla no la miran.
¡Que son ojos los míos
donde la desdicha abunda!
¡Que te nombra
la Flor que mejor viste
y la otoñal guadaña desnuda!
No es más bella
la Amatista.
Ni el Ópalo pardo
te asemeja.
Que de tu amor
soy estante y repisa,
de un mármol frío
que no avisa
de su calentura.
Demando robustez y encono,
que no es del toro mi bravura.
Y en tu guerra me abandono,
y voy, cobarde, de una a otra duda.
Busco altura que te mengüe,
mas no existe tal usura.
Y, aún subiendo a tus alcores,
vasta tierra de alegría,
no distingo mis amores
y voy de tus penas a las mías.
es la huella de mi propia apariencia.
Y me desdoblo,
y en otro yo la amo,
como el yo primero ama.
Y odio su impertinente ausencia.
Dichosos los ojos que la ven.
Desdichados aquellos
que de verla no la miran.
¡Que son ojos los míos
donde la desdicha abunda!
¡Que te nombra
la Flor que mejor viste
y la otoñal guadaña desnuda!
No es más bella
la Amatista.
Ni el Ópalo pardo
te asemeja.
Que de tu amor
soy estante y repisa,
de un mármol frío
que no avisa
de su calentura.
Demando robustez y encono,
que no es del toro mi bravura.
Y en tu guerra me abandono,
y voy, cobarde, de una a otra duda.
Busco altura que te mengüe,
mas no existe tal usura.
Y, aún subiendo a tus alcores,
vasta tierra de alegría,
no distingo mis amores
y voy de tus penas a las mías.
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