Malbec
Poeta asiduo al portal
Definirte.
Una mujer,
algo solitaria, -seguramente-;
las elecciones mas terribles de tu vida,
indisimulables,
bajo tus párpados estoicos.
“El porvenir es tan irrevocable… -dice el poeta-,
el camino es fatal como la flecha,
pero en las grietas esta Dios, que acecha” (*cita)
Tu presencia -que presagio-,
extinguiendo a mi soledad,
de cuando en cuando estira un poco
aquella grieta,
que pretendo existiendo.
Grácil niña que no conocí,
conjeturo
en el vuelo de tus manos, livianas como gorriones,
en el sol que se asoma desde tus comisuras,
en la sonrisa que nace de tus ojos,
en la caricia de tu voz,
que sé, que no merezco.
Inútiles montañas de papel!
en vano es tratar de precisar,
el perfume que me dejas en el alma
cuando vienes, en un sueño a visitar.
Pobre del pintor,
o del poeta,
que quieran retratarte,
sin comprenderse, sin involucrarse,
Pobre también, del oportuno
que pretenda contemplarte
sin extasiarse;
Pobre de mí!
que intento definirte,
sin enamorarme...”
* La cita es del poema de Jorge Luis Borges, “Para una versión del I. Ching”.
Una mujer,
algo solitaria, -seguramente-;
las elecciones mas terribles de tu vida,
indisimulables,
bajo tus párpados estoicos.
“El porvenir es tan irrevocable… -dice el poeta-,
el camino es fatal como la flecha,
pero en las grietas esta Dios, que acecha” (*cita)
Tu presencia -que presagio-,
extinguiendo a mi soledad,
de cuando en cuando estira un poco
aquella grieta,
que pretendo existiendo.
Grácil niña que no conocí,
conjeturo
en el vuelo de tus manos, livianas como gorriones,
en el sol que se asoma desde tus comisuras,
en la sonrisa que nace de tus ojos,
en la caricia de tu voz,
que sé, que no merezco.
Inútiles montañas de papel!
en vano es tratar de precisar,
el perfume que me dejas en el alma
cuando vienes, en un sueño a visitar.
Pobre del pintor,
o del poeta,
que quieran retratarte,
sin comprenderse, sin involucrarse,
Pobre también, del oportuno
que pretenda contemplarte
sin extasiarse;
Pobre de mí!
que intento definirte,
sin enamorarme...”
* La cita es del poema de Jorge Luis Borges, “Para una versión del I. Ching”.
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