En aquel terreno pantanoso,clavicordios de funesta melodía onírica,ríen y blasfeman ante la mirada pétrea de los fantasmales grillos de un solo y rudimentario ojo mudo.El silencio se transforma en escarcha,y el riachuelo de turbia agua con olor a muerto hace la solemne comparsa,a bombo y platillo plebeyo,hacia su malhadada madre eterna;ese surtidor manchado de petróleo que sólo sabe cantar a la luna que ya está a punto de fornicar con el alado demonio manco y tuerto.Ese espectáculo singular lo contemplan los dioses antiguos,mientras se van partiendo las muelas picadas con el pan tan duro como las piedras que aúllan cada vez que sienten con su mente enfermiza las pisadas del feliz mastodonte.El cual,deja un reguero vergonzoso de funesta orina que carcome las plantas recién cultivadas por un afeminado y enfermizo jardinero.