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Deidad enamorada

guerrero verde

Poeta veterano en el portal.

No hay nada más egoísta que el amar.
Jugar a ser narciso desde que somos concebidos,
y los celos, son el simple reflejo un sentimiento
que aun la humanidad no sabe descifrar.



Ella, creo que está bien decir ella,
aunque siempre me quedó la duda si era hembra
o un ángel de desembradas alas.

Ella, ella nació en un día en que las estrellas murieron.
Le pusieron Beatriz pero nadie nunca la llamó.
Le dieron educación pero no le enseñaron.
Le entregaron todo, sólo para sienta el más grande vacío.

Se volvió solitaria y hermosa,
De ojos claros, casi pálidos e incoloros.
Fría como si fuera hipocampo en pleno caribe
y delgada cual viento que se escapa entre muros.

Así creció ella, y yo crecí bajo su sombra.
Se volvió leyenda para mis blancas hojas,
razón de mi horas,
imposible para mi realidad y lujuria.

Un día, sin avisos en el horóscopo,
se acercó a la piedra de donde la estudiaba
y soberbia, cual soberana reina preguntó:
-¿Me amas?
A lo que yo respondí titubeando:
-Desde que te vi en el vientre de tu madre.
Guardó silencio y sin emitir gesto alguno dijo:
-Yo soy esposa de la muerte y puta de los indiferentes,
así que sóplame de tu mente.
Dicho eso miró el cielo y sonriendo se fue volando.

Aun sigo aquí, en la misma piedra,
en la misma cruz clavado.
Sigo aquí mirando al cielo
e imaginando que quizás, luego de tantos rezos,
pueda ser el Dios que todos dicen que soy.
 

No hay nada más egoísta que el amar.
Jugar a ser narciso desde que somos concebidos,
y los celos, son el simple reflejo un sentimiento
que aun la humanidad no sabe descifrar.



Ella, creo que está bien decir ella,
aunque siempre me quedó la duda si era hembra
o un ángel de desembradas alas.

Ella, ella nació en un día en que las estrellas murieron.
Le pusieron Beatriz pero nadie nunca la llamó.
Le dieron educación pero no le enseñaron.
Le entregaron todo, sólo para sienta el más grande vacío.

Se volvió solitaria y hermosa,
De ojos claros, casi pálidos e incoloros.
Fría como si fuera hipocampo en pleno caribe
y delgada cual viento que se escapa entre muros.

Así creció ella, y yo crecí bajo su sombra.
Se volvió leyenda para mis blancas hojas,
razón de mi horas,
imposible para mi realidad y lujuria.

Un día, sin avisos en el horóscopo,
se acercó a la piedra de donde la estudiaba
y soberbia, cual soberana reina preguntó:
-¿Me amas?
A lo que yo respondí titubeando:
-Desde que te vi en el vientre de tu madre.
Guardó silencio y sin emitir gesto alguno dijo:
-Yo soy esposa de la muerte y puta de los indiferentes,
así que sóplame de tu mente.
Dicho eso miró el cielo y sonriendo se fue volando.

Aun sigo aquí, en la misma piedra,
en la misma cruz clavado.
Sigo aquí mirando al cielo
e imaginando que quizás, luego de tantos rezos,
pueda ser el Dios que todos dicen que soy.

vaya guerris sigues dando caña por la oscuridad, buscando solo oscuridad con espinas, besos amigo
 
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