viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me dijiste Dame un beso
y deja la luz encendida
que he visto una película muy fea
Y yo iluminé un beso valiente
en tu mejilla de dormir.
No sabes, Alba,
que fuiste tú quien borró mi miedo,
quien me hizo ángel de la guarda
perfumándome de calidez,
achicando las facturas,
los finales de mes y las hipotecas.
Difuminando los lunes marengos
y los jefes huraños
con tus lápices de inocencia
y tus ojos de pedirme deseos.
Y pensé, sin llegar a decirlo:
Dame un beso valiente
y deja tu amor encendido,
que he visto una vida muy fea.
Me zarandean olas furiosas
donde había un sueño en calma.
Las horas se hacen carbón
por la oscuridad de la noche,
ascuas de tiempo.
Restos de hipocresía pegados
a la conciencia casi gelatinosa
de la supervivencia citadina.
Estrías de nacer y morir por inercia.
Tú duermes y te vuelves poema.
Yo habito el insomnio
que me convierte en adulto.
Desierto sin tus preguntas.
Me siento en el quicio de tu lecho
y mientras sueñas, suspiro,
por tu beso valiente
y por tu luz encendida.
y deja la luz encendida
que he visto una película muy fea
Y yo iluminé un beso valiente
en tu mejilla de dormir.
No sabes, Alba,
que fuiste tú quien borró mi miedo,
quien me hizo ángel de la guarda
perfumándome de calidez,
achicando las facturas,
los finales de mes y las hipotecas.
Difuminando los lunes marengos
y los jefes huraños
con tus lápices de inocencia
y tus ojos de pedirme deseos.
Y pensé, sin llegar a decirlo:
Dame un beso valiente
y deja tu amor encendido,
que he visto una vida muy fea.
Me zarandean olas furiosas
donde había un sueño en calma.
Las horas se hacen carbón
por la oscuridad de la noche,
ascuas de tiempo.
Restos de hipocresía pegados
a la conciencia casi gelatinosa
de la supervivencia citadina.
Estrías de nacer y morir por inercia.
Tú duermes y te vuelves poema.
Yo habito el insomnio
que me convierte en adulto.
Desierto sin tus preguntas.
Me siento en el quicio de tu lecho
y mientras sueñas, suspiro,
por tu beso valiente
y por tu luz encendida.