Nada Vratovic
Poeta recién llegado
¿Quién soy?
Soy Baba-Yaga. En una ciudad y una época venenosos. Mi pierna de hueso (naturaleza de serpiente) está ahora bien oculta tras velos caníbales que fui tejiendo con los antiguos pellejos de quienes se perdían por mi estepa.
Extraño ese santuario inmortal. ¿Qué soy ahora? Ni bruja ni mujer, o ambas cosas a la vez. El mundo que me dio a luz parpadea a intervalos sobre esta realidad. Cierro los ojos y el humo del tráfico se convierte, durante unos segundos, en la niebla helada que solía amamantarme. Pero el parpadeo termina; es demasiado fugaz para invocar nada, demasiado débil. Y regreso a las nubes grasientas, a los árboles sujetos con hierros y a los escasos brotes de hierbajos que se atreven a abrirse camino a través de las baldosas retorciéndose entre sus grietas como lombrices.
¿Quién soy? Mi nombre, ¿es acaso realmente mi nombre? Mis visiones empiezan a tambalearse. La nueva reencarnación me está absorbiendo. Los recuerdos se derriten, relegados a la subconsciencia, y no serán más que las reminiscencias de algún sueño que tragaré al despertar.
Soy Baba-Yaga. En una ciudad y una época venenosos. Mi pierna de hueso (naturaleza de serpiente) está ahora bien oculta tras velos caníbales que fui tejiendo con los antiguos pellejos de quienes se perdían por mi estepa.
Extraño ese santuario inmortal. ¿Qué soy ahora? Ni bruja ni mujer, o ambas cosas a la vez. El mundo que me dio a luz parpadea a intervalos sobre esta realidad. Cierro los ojos y el humo del tráfico se convierte, durante unos segundos, en la niebla helada que solía amamantarme. Pero el parpadeo termina; es demasiado fugaz para invocar nada, demasiado débil. Y regreso a las nubes grasientas, a los árboles sujetos con hierros y a los escasos brotes de hierbajos que se atreven a abrirse camino a través de las baldosas retorciéndose entre sus grietas como lombrices.
¿Quién soy? Mi nombre, ¿es acaso realmente mi nombre? Mis visiones empiezan a tambalearse. La nueva reencarnación me está absorbiendo. Los recuerdos se derriten, relegados a la subconsciencia, y no serán más que las reminiscencias de algún sueño que tragaré al despertar.