Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Déjame buscarte,
deja tu aroma,
envuelto en el rocío,
seguiré tu huella
hasta alcanzar el infinito.
Déjame buscarte,
siguiendo tú recuerdo,
en los pliegues de esta tierra,
en el polvo, en la arena.
Déjame buscarte,
en el ruedo de tu camisa,
en el bolsillo del pantalón,
en los hilos que unen la pretina.
En el eco de tu voz
que navega furtiva en el aire,
en tu sonrisa que aún
se siente en el helado
cuando cae.
Seguiré las primaveras,
en las arenas, en el polvo,
en la luna y las estrellas;
sé que te encontraré,
en una de ellas.
En lo frio, en lo cálido,
en el sol, en el aire
en la lluvia cuando
en las mañanas
como gotas de roció
sobre mis pétalos cae.
En las flores y mariposas,
cuando sus alas y pétalos abren,
en las semillas que suben y caen,
en las aves que desde sus nidos
cantan y vuelan por los aires.
Déjame buscarte en todo lo que arde,
en todo lo que cierra y abre,
en todo lo que hace parte de este viaje,
en lo que hace parte de tu equipaje.
deja tu aroma,
envuelto en el rocío,
seguiré tu huella
hasta alcanzar el infinito.
Déjame buscarte,
siguiendo tú recuerdo,
en los pliegues de esta tierra,
en el polvo, en la arena.
Déjame buscarte,
en el ruedo de tu camisa,
en el bolsillo del pantalón,
en los hilos que unen la pretina.
En el eco de tu voz
que navega furtiva en el aire,
en tu sonrisa que aún
se siente en el helado
cuando cae.
Seguiré las primaveras,
en las arenas, en el polvo,
en la luna y las estrellas;
sé que te encontraré,
en una de ellas.
En lo frio, en lo cálido,
en el sol, en el aire
en la lluvia cuando
en las mañanas
como gotas de roció
sobre mis pétalos cae.
En las flores y mariposas,
cuando sus alas y pétalos abren,
en las semillas que suben y caen,
en las aves que desde sus nidos
cantan y vuelan por los aires.
Déjame buscarte en todo lo que arde,
en todo lo que cierra y abre,
en todo lo que hace parte de este viaje,
en lo que hace parte de tu equipaje.