Déjame
No duermas, deja que esta noche enfunde sus valijas
y se desoriente ensortijadamente en su banalidad
acumulando ella, su propia euforia.
Acurrúcate más, siente por un instante la humedad, en mis ojos,
dejando atrás nuestra vida, llena de saltos, vacios.
Hunde en mis mejillas esas yemas, que ayer me cobijaron,
y que hoy se van prisioneras de tus largos huesos, hechas manos,
armando un ser, tibio, y amado.
No le pude dar razón, a las lesivas letras como espantos
que llegaron en un instante, en que se distrajo nuestro amor,
resolviendo con una daga oral, y tinta rala, una vida juntos.
No duermas, despídete de mí, de mis instintos que retienen cual prisión
tu pasión por la bohemia, tus desvencijados rulos, tu gran amor por la vida.
Déjame, que sabré yo arrullarme en mis destemples
como en los primeros días en el mundo, en los que mis brazos tenían aún poder,
ante cualquier mujer, acomodándome entre sus senos dulcemente.
Hoy no duermas, porque si cierras esos ojos, dejarás atrás mis besos,
y sin recuerdos huirás, como ayer, cuando me amaste, por un día,
uno a la vez.
No te duermas, mírame, mañana te cuento que tal amanecimos.
No duermas, deja que esta noche enfunde sus valijas
y se desoriente ensortijadamente en su banalidad
acumulando ella, su propia euforia.
Acurrúcate más, siente por un instante la humedad, en mis ojos,
dejando atrás nuestra vida, llena de saltos, vacios.
Hunde en mis mejillas esas yemas, que ayer me cobijaron,
y que hoy se van prisioneras de tus largos huesos, hechas manos,
armando un ser, tibio, y amado.
No le pude dar razón, a las lesivas letras como espantos
que llegaron en un instante, en que se distrajo nuestro amor,
resolviendo con una daga oral, y tinta rala, una vida juntos.
No duermas, despídete de mí, de mis instintos que retienen cual prisión
tu pasión por la bohemia, tus desvencijados rulos, tu gran amor por la vida.
Déjame, que sabré yo arrullarme en mis destemples
como en los primeros días en el mundo, en los que mis brazos tenían aún poder,
ante cualquier mujer, acomodándome entre sus senos dulcemente.
Hoy no duermas, porque si cierras esos ojos, dejarás atrás mis besos,
y sin recuerdos huirás, como ayer, cuando me amaste, por un día,
uno a la vez.
No te duermas, mírame, mañana te cuento que tal amanecimos.