sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dejando tu cuerpo en el alma
bajo los vampiros de la noche
en la terraza de un sol perplejo
y sus caricias que se hacían ramas.
Pude verte en el alma
la ultima copla del alba
llegar a tus labios
y poderte añadir a mi calma.
Las luces de los días
eran la noche de mis labios
la voz de los duendes
se hacia intensa en las mieles
del néctar que producía un sueño.
Los horizontes de las palabras
venían sembrando un cielo
de luces que aclamaban los pasos.
Las huellas de los días
se hacían en el helor de los te amos
que producían un eco
a la vez que arrastraban a las llamas
congeladas en las siluetas reencarnadas.
Te pude llevar a mi boca
sin que pase nada
las voces de mis parpados
se abrían en la flor de tus pupilas.
Llegando a las letras
se consumieron en las noches
tus rizos de almas
que se coronaron en las frases
y dejaron en mis labios
tu llamada oculta.
No sospecho de las pinceladas
que se unían en las rimas
ni una letra es capaz de hablar
si no tiene tu amor en la pintada de tus huellas
así hasta volver a la voz de un destino
y poderte ofrecer mi mente.
Levanta a la brisa
esconde tu mano
en la orilla
desde cada voz
que arde en mis besos.
Luz que accede a una estrella,
que rescata a la brisa
del alba
que se mete entre mis dedos
y hace el amor en mis yemas
poesía que canta
que vibra
que se hace arte
que acaricia mi locura
por tus besos
y así hasta amanecer de beso a beso
de estar metido en tu cuerpo
siendo tu nobleza
tu encanto
metido en tu boca
hasta hacerme el canto
desde cada lado de la luz
desde cada brisa de un mundo
así te hago
dejando tu cuerpo en el alma.
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