Alex Courant
Poeta adicto al portal
Dejé que la noche, noche,
insistiera en desvestirte
y te quitara la falda,
de pronto la estrecha blusa,
toda tu liviana ropa,
y te dejara el encaje
sobre tus pétalos, rosa.
Dejé que la noche, noche,
insistiera en desvestirnos
y nos dejara tendidos
bajo sábanas de tierra,
como esa sabia costumbre
que tienen las ciegas sombras
de danzar alrededor
de una solitaria vela.
El hueco que arde en tus brazos
espera a mi cuerpo, y yo,
en mi pecho, a tu cabeza,
para fundirnos así,
como esa santa costumbre
de enterrar juntos y muertos
sólo a los desposeídos.
Porque no tengo otra cosa,
yo te tengo sólo a ti.
*
insistiera en desvestirte
y te quitara la falda,
de pronto la estrecha blusa,
toda tu liviana ropa,
y te dejara el encaje
sobre tus pétalos, rosa.
Dejé que la noche, noche,
insistiera en desvestirnos
y nos dejara tendidos
bajo sábanas de tierra,
como esa sabia costumbre
que tienen las ciegas sombras
de danzar alrededor
de una solitaria vela.
El hueco que arde en tus brazos
espera a mi cuerpo, y yo,
en mi pecho, a tu cabeza,
para fundirnos así,
como esa santa costumbre
de enterrar juntos y muertos
sólo a los desposeídos.
Porque no tengo otra cosa,
yo te tengo sólo a ti.
*