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Del amor y otros seres invisibles

GUILLEMAN

Poeta recién llegado
[FONT=&quot]DEL AMOR
[FONT=&quot]Y
[FONT=&quot]OTROS SERES
INVISIBLES

[FONT=&quot] A Vevero, con dos suspiros.

[FONT=&quot]I.[FONT=&quot]
Prendidos a la cintura del vendaval,
danzaron sobre su piel centrífuga
los elfos,
las hadas
y los duendes
del reino paralelo
al universo de luz
que bautizamos Amor,
bajo el conjuro de fuego
de tus besos y mis embelesos.

En el vientre de su nombre secreto,
el hierofante rojo del corazón
nos convidó sus sinfonías
y bailamos, piel a piel,
al son del arco iris y la lluvia,
la danza leve de la ilusión…

¡Ay! Los ayeres brotan en la memoria
heladas esculturas de zafiro.
¡Ay! Petroglifos sus horas y estelas sus minutos;
pétalos de una flor de oro y mármol blanco.


II.
Convoquen, Presencias Escondidas,
esculturas de hielo y zafiros,
los segundos de miel,
la suave piel de los presagios
de nuestra eternidad perdida;
convoquen su brío sepia,
fuego de las páginas vivas
del dorado libro de mármol.
[FONT=&quot]

Las conmino, Presencias Inasibles,
en nombre de la danza
del arco iris escindido:
lleven mis ojos
a sus ojos esmeralda,
humedecidos de amor.

Que llueva otra vez
sobre la espesura ígnea
de los besos de lava
que moldearon la concavidad
del amor frenético y desnudo.

Que vuelva a lloviznar
el torrente dulce del fuego
que nos mojó la última noche
que bebí el caudal ardiente
de su vientre ígneo en flor.

Convoquen, Seres Ocultos,
los invoca el mármol punzante de mi memoria:
que vuelvan a cantar
los alocados cien mil pájaros
de la sinfonía del tercer mes de la eternidad,
en el corazón del agua candente
de la flor de oro blanco
y de los besos coronados
de miel, huracán y lava.


III.
Habitantes Invisibles de la tierra,
los implora mi voz
ciega de dolor:
¡Regresen a mí con las ternuras
del jardín recién sembrado
sobre los tibios besos de azahar!

Vuelvan, les suplico,
con la catarata de luceros
y lucernas
bajo cuya lumbre incendiamos
el mar del tálamo nupcial.

Habitantes Intangibles de la tierra,
les imploran mis zafiros, mármoles y oros,
regresen con el universo
de las caricias que cuajaba
en nuestros besos el rocío;
el rocío de las perlas de cristal
empapadas en el fuego líquido
de la flor del oro blanco.

Retornen, vuelvan, regresen,
los convoca mi ansia loca,
Habitantes Invisibles de la noche:
¡Devuélvanme su luz perfumada,
su lluvia de perlas,
el fuego de blanco azahar,
su catarata de luceros;
el universo alumbrado de sus caricias!


IV.
Cantó la miel en nuestros labios
la balada feliz de la flor de los naranjos.

Oramos, noche tras noche,
en cuerpo y alma,
sobre el altar consagrado del amor,
el padrenuestro desesperado
de quienes intuyen
la brevedad terrestre
y la intensidad de los segundos.

Edificamos con retazos de instantes
el retablo del santuario
sobre el que exorcizamos
noche adentro, alma adentro,
el ímpetu indomable
de los demonios aterciopelados
del huracán de la pasión.

La noche y el amor
fueron vestales gemelas
de nuestro templo sagrado.
Tú y yo, una sola oración.



V.
Despierta apenas la prealba del amanecer.

Las sombras aún se abrazan a la noche,
amantes irredentos.

El universo es una estatua de coral negro
que gira en lentas poses claroscuras.

Yo orbito en tu cuerpo
y tú gravitas en mi alma.

El azul profundo del alba titila mínimo.

No existe el mundo, ni sus ilusiones.

El tiempo no es en sí mismo
nada más que un leve temblor de besos.

Solamente mi corazón, boca a boca,
da respiración al tuyo, desfallecido.

Sobre las sábanas blanquinegras
que brillan porque tú las alumbras;
porque son de luz tu piel
y tu risa desnuda,
te contemplo
estático y perplejo.

La aurora se ha ensortijado
en suaves bucles de céfiros
que copian los rizos
em
bara
zados
de tu cabello de trigo
regado sobre la almohada tiniebla.

La felicidad cristaliza con un último temblor
en la frágil copa de tu vientre
de encendido bacará caramelo.

Nuestro amor es la medida
del movimiento del universo.

Nada existe si no lo queremos.

Somos los dueños de los suspiros.

Yo giro en tu torno, desfallecido,
y tú eres el centro de mi alma.


VI.
¿Acaso exhalan los tulipanes,
o los nocturnos galanes,
un aroma más exquisito
que el de tu cuerpo
(preso)
en el mío?

¿Por ventura constituye la felicidad
aquel lejano arresto
de otorgarse besos incesantes
en los plieges golosos
de las sábanas del amor?

¡Nada son las ausentes
brisas perfumadas
por naranjos en flor!
Nada cadenciosas esculturas de zafiro
ni susurros de hadas cantarinas;
nada los pétalos de la flor de oro y mármol blanco.
¡Nada, comparados con ella!

Donde su aliento yermo apaga la luz
germina en mí el necio ciclón
de su aroma inolvidable.

Cuando ella se mira al espejo horizontal
de mi última invocación de amor
empieza el sortilegio
inolvidable de su recuerdo,
al son exánime de la lluvia
del tercer mes de la eternidad.


VII.
No hallarás otro día más triste
ni en la noche de los tiempos
ni en la cruz de los universos.

No podrás morir si ya estás muerto.

Si te asomaste a su deceso
y acudiste a tu sepelio,
no podrás morir dos veces.

Tú, buscador insomne de esculturas de zafiro,
petroglifos, estelas, pétalos de oro y témpanos,

tristemente agasajado
con los tesoros etéreos
de la insepulta levedad, Tú,
vagarás por el universo paralelo
de los necios fantasmas,
donde ella sonríe a las sombras horizontales
que no se reflejan en los espejos.

Está escrito en tus venas pálidas
y llenas de ojeras:
tú, incansable navegante
de insomnios lilas,
errarás por su universo;
no podrás morir, ni vivir,
dos veces seguidas en este mundo.

Tú, pescador de zafiros.


VIII.
Heme aquí:
Despedazado
d i s g r e g a d o
t r o - c e - a - d o.

Ya no soy más la candente legión
con la que vine al mundo.

Soy apenas uno solo
que la recuerda sin tregua.

Elfos, duendes y hados,
cómplices Seres Invisibles,
¡No lo hagan, por Dios!

No desparramen el trigo de su cabello
sobre el cristal helado de mi memoria!
!No descongelen los témpanos amados
de su deliciosa miradamar !

Cesen, les suplico,
Seres Intangibles,
duele demasiado:
no tintineen la frágil copa de su vientre
ni suspiren en el bacará de su miel;
no incendien el diamante de su risa.

¡Ay! ¡Duele tanto!
No la despierten de su sueño lineal:
Estoy empezando mi pesadilla circular.


IX.
Como si fuera tan sencillo
desandar el camino
del filo de la navaja,
arrancarme del pecho
este huracán germinado
que habrá de torturarme
insomnemente para siempre.

Como si no fuera tan sencillo
dejar de vivir
y decirte adiós;
dejarte morir del todo
y entregarte a Dios,
o al olvido...

Pero no.

¿Y este millar de posesos
de zafiro y luz
que me acuchilla el pecho?

¿Y los amaneceres solitarios
que practican en mí
la acupuntura dolorosa
de tu ausencia?

Decirte adiós
parecería tan simple.

Desoír tu voz lejana que me cita;
amordazar los gritos blanquinegros
del silencio y la congoja que me claman;
los desesperados cien mil pájaros
de la sinfonía del tercer mes de la eternidad
que me llaman y reclaman,
y decirte adiós para siempre
parecería tan sencillo.

Pero no.
Pero no te digo adiós;
te digo a Dios,
con una ruta circular
trazada a fuego en el alma.
 
Es un lujo darte la Bienvenida a Mundo Poesía, Poeta y hermano ecuatoriano.

Un laborioso trabajo poético vino a poblar este universo con tus magníficos seres invisibles y con los legibles: tus versos impecables, lúcidos, capaces de capturar hasta el último grafema. Excelente, Guilleman. Como para no decirte adiós ... sino... ¡ah, Dios!

Que te lleguen mis estrellas y un abrazo porteño.
 
[FONT=&quot]DEL AMOR
[FONT=&quot]Y
[FONT=&quot]OTROS SERES
INVISIBLES

[FONT=&quot] A Vevero, con dos suspiros.

[FONT=&quot]I.[FONT=&quot]
Prendidos a la cintura del vendaval,
danzaron sobre su piel centrífuga
los elfos,
las hadas
y los duendes
del reino paralelo
al universo de luz
que bautizamos Amor,
bajo el conjuro de fuego
de tus besos y mis embelesos.

En el vientre de su nombre secreto,
el hierofante rojo del corazón
nos convidó sus sinfonías
y bailamos, piel a piel,
al son del arco iris y la lluvia,
la danza leve de la ilusión…

¡Ay! Los ayeres brotan en la memoria
heladas esculturas de zafiro.
¡Ay! Petroglifos sus horas y estelas sus minutos;
pétalos de una flor de oro y mármol blanco.


II.
Convoquen, Presencias Escondidas,
esculturas de hielo y zafiros,
los segundos de miel,
la suave piel de los presagios
de nuestra eternidad perdida;
convoquen su brío sepia,
fuego de las páginas vivas
del dorado libro de mármol.
[FONT=&quot]

Las conmino, Presencias Inasibles,
en nombre de la danza
del arco iris escindido:
lleven mis ojos
a sus ojos esmeralda,
humedecidos de amor.

Que llueva otra vez
sobre la espesura ígnea
de los besos de lava
que moldearon la concavidad
del amor frenético y desnudo.

Que vuelva a lloviznar
el torrente dulce del fuego
que nos mojó la última noche
que bebí el caudal ardiente
de su vientre ígneo en flor.

Convoquen, Seres Ocultos,
los invoca el mármol punzante de mi memoria:
que vuelvan a cantar
los alocados cien mil pájaros
de la sinfonía del tercer mes de la eternidad,
en el corazón del agua candente
de la flor de oro blanco
y de los besos coronados
de miel, huracán y lava.


III.
Habitantes Invisibles de la tierra,
los implora mi voz
ciega de dolor:
¡Regresen a mí con las ternuras
del jardín recién sembrado
sobre los tibios besos de azahar!

Vuelvan, les suplico,
con la catarata de luceros
y lucernas
bajo cuya lumbre incendiamos
el mar del tálamo nupcial.

Habitantes Intangibles de la tierra,
les imploran mis zafiros, mármoles y oros,
regresen con el universo
de las caricias que cuajaba
en nuestros besos el rocío;
el rocío de las perlas de cristal
empapadas en el fuego líquido
de la flor del oro blanco.

Retornen, vuelvan, regresen,
los convoca mi ansia loca,
Habitantes Invisibles de la noche:
¡Devuélvanme su luz perfumada,
su lluvia de perlas,
el fuego de blanco azahar,
su catarata de luceros;
el universo alumbrado de sus caricias!


IV.
Cantó la miel en nuestros labios
la balada feliz de la flor de los naranjos.

Oramos, noche tras noche,
en cuerpo y alma,
sobre el altar consagrado del amor,
el padrenuestro desesperado
de quienes intuyen
la brevedad terrestre
y la intensidad de los segundos.

Edificamos con retazos de instantes
el retablo del santuario
sobre el que exorcizamos
noche adentro, alma adentro,
el ímpetu indomable
de los demonios aterciopelados
del huracán de la pasión.

La noche y el amor
fueron vestales gemelas
de nuestro templo sagrado.
Tú y yo, una sola oración.



V.
Despierta apenas la prealba del amanecer.

Las sombras aún se abrazan a la noche,
amantes irredentos.

El universo es una estatua de coral negro
que gira en lentas poses claroscuras.

Yo orbito en tu cuerpo
y tú gravitas en mi alma.

El azul profundo del alba titila mínimo.

No existe el mundo, ni sus ilusiones.

El tiempo no es en sí mismo
nada más que un leve temblor de besos.

Solamente mi corazón, boca a boca,
da respiración al tuyo, desfallecido.

Sobre las sábanas blanquinegras
que brillan porque tú las alumbras;
porque son de luz tu piel
y tu risa desnuda,
te contemplo
estático y perplejo.

La aurora se ha ensortijado
en suaves bucles de céfiros
que copian los rizos
em
bara
zados
de tu cabello de trigo
regado sobre la almohada tiniebla.

La felicidad cristaliza con un último temblor
en la frágil copa de tu vientre
de encendido bacará caramelo.

Nuestro amor es la medida
del movimiento del universo.

Nada existe si no lo queremos.

Somos los dueños de los suspiros.

Yo giro en tu torno, desfallecido,
y tú eres el centro de mi alma.


VI.
¿Acaso exhalan los tulipanes,
o los nocturnos galanes,
un aroma más exquisito
que el de tu cuerpo
(preso)
en el mío?

¿Por ventura constituye la felicidad
aquel lejano arresto
de otorgarse besos incesantes
en los plieges golosos
de las sábanas del amor?

¡Nada son las ausentes
brisas perfumadas
por naranjos en flor!
Nada cadenciosas esculturas de zafiro
ni susurros de hadas cantarinas;
nada los pétalos de la flor de oro y mármol blanco.
¡Nada, comparados con ella!

Donde su aliento yermo apaga la luz
germina en mí el necio ciclón
de su aroma inolvidable.

Cuando ella se mira al espejo horizontal
de mi última invocación de amor
empieza el sortilegio
inolvidable de su recuerdo,
al son exánime de la lluvia
del tercer mes de la eternidad.


VII.
No hallarás otro día más triste
ni en la noche de los tiempos
ni en la cruz de los universos.

No podrás morir si ya estás muerto.

Si te asomaste a su deceso
y acudiste a tu sepelio,
no podrás morir dos veces.

Tú, buscador insomne de esculturas de zafiro,
petroglifos, estelas, pétalos de oro y témpanos,

tristemente agasajado
con los tesoros etéreos
de la insepulta levedad, Tú,
vagarás por el universo paralelo
de los necios fantasmas,
donde ella sonríe a las sombras horizontales
que no se reflejan en los espejos.

Está escrito en tus venas pálidas
y llenas de ojeras:
tú, incansable navegante
de insomnios lilas,
errarás por su universo;
no podrás morir, ni vivir,
dos veces seguidas en este mundo.

Tú, pescador de zafiros.


VIII.
Heme aquí:
Despedazado
d i s g r e g a d o
t r o - c e - a - d o.

Ya no soy más la candente legión
con la que vine al mundo.

Soy apenas uno solo
que la recuerda sin tregua.

Elfos, duendes y hados,
cómplices Seres Invisibles,
¡No lo hagan, por Dios!

No desparramen el trigo de su cabello
sobre el cristal helado de mi memoria!
!No descongelen los témpanos amados
de su deliciosa miradamar !

Cesen, les suplico,
Seres Intangibles,
duele demasiado:
no tintineen la frágil copa de su vientre
ni suspiren en el bacará de su miel;
no incendien el diamante de su risa.

¡Ay! ¡Duele tanto!
No la despierten de su sueño lineal:
Estoy empezando mi pesadilla circular.


IX.
Como si fuera tan sencillo
desandar el camino
del filo de la navaja,
arrancarme del pecho
este huracán germinado
que habrá de torturarme
insomnemente para siempre.

Como si no fuera tan sencillo
dejar de vivir
y decirte adiós;
dejarte morir del todo
y entregarte a Dios,
o al olvido...

Pero no.

¿Y este millar de posesos
de zafiro y luz
que me acuchilla el pecho?

¿Y los amaneceres solitarios
que practican en mí
la acupuntura dolorosa
de tu ausencia?

Decirte adiós
parecería tan simple.

Desoír tu voz lejana que me cita;
amordazar los gritos blanquinegros
del silencio y la congoja que me claman;
los desesperados cien mil pájaros
de la sinfonía del tercer mes de la eternidad
que me llaman y reclaman,
y decirte adiós para siempre
parecería tan sencillo.

Pero no.
Pero no te digo adiós;
te digo a Dios,
con una ruta circular
trazada a fuego en el alma.

Guileman, es para mí un honor inmenso recibir la dedicatoria e estos tremendos versos. Desgarradores, sí, pero de una profunda entrega y hermosamente bellos e inefables.
Recibe un caluroso abrazo de mi parte.
Besos y gracias infinitas
 
Querida Vevero:
!Qué bueno que te hayan gustado mis versos trasnochados! Perdón por la licencia de habértelos dedicado. Después de leer tu trabajo poético, lo juro, no tenía alternativa. Perdona también la pequeñez de mi ofrenda. Una poeta de dimensión y aliento como tú merece más. Admiro tus poemas.
Gracias por tus palabras.
Un abrazo desde el ombligo del mundo.
 
Última edición:
Es un lujo darte la Bienvenida a Mundo Poesía, Poeta y hermano ecuatoriano.

Un laborioso trabajo poético vino a poblar este universo con tus magníficos seres invisibles y con los legibles: tus versos impecables, lúcidos, capaces de capturar hasta el último grafema. Excelente, Guilleman. Como para no decirte adiós ... sino... ¡ah, Dios!

Que te lleguen mis estrellas y un abrazo porteño.

Estimada Ciela:
Aprecio en mucho tu bienvenida y tus gentiles palabras. Si algo de poesía hay en mis versos, no lo dudes, lo aprendí de ustedes.
Soy, palabras más, grafemas menos, un producto del esfuerzo de los poetas de tu universo literario.
Mil Gracias.
 
Estimada Ciela:
Aprecio en mucho tu bienvenida y tus gentiles palabras. Si algo de poesía hay en mis versos, no lo dudes, lo aprendí de ustedes.
Soy, palabras más, grafemas menos, un producto del esfuerzo de los poetas de tu universo literario.
Mil Gracias.
 
Sabes que tu poema me recuerdo a cierto poeta ecuatoriano.
Tienes esa magia que cautiva al escribir y un exquisito lenguaje, muy fino y atractivo, te felicito.

Un beso.
 
Querida violeta: Perdona la tardanza de mi respuesta. TendrÍas la gentileza de decirme el nombre del poeta ecuatoriano al que te recuerdan mis versos?
Besos
 

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