CABEL
Poeta recién llegado
¡Disculpadme: he soñado!
Creí que mi muerte era la muerte
acercándose como la noche extinta
que pudre una semilla...
como el agua sin manos
meciendo sus harapos...
como el sueño subterráneo
que tortura las raices...
¡Mis disculpas: he amado!
Creí que tu pecho se alejaba de los relojes,
de sus agujas como orugas retorcidas,
de su orbitar eterno
hacia el que huyen los instantes.
Creí que su cáliz de carne
vencía mis yemas
a la hora exacta de la saliva.
¡Excusadme: he vivido!
Creí que la poesía era culpable
del transitorio enjambre de besos
sobre la nuca cansada
o de su tibio aliento prodigado
como una oración sobre mi espalda.
Creí que mi muerte era la muerte
acercándose como la noche extinta
que pudre una semilla...
como el agua sin manos
meciendo sus harapos...
como el sueño subterráneo
que tortura las raices...
¡Mis disculpas: he amado!
Creí que tu pecho se alejaba de los relojes,
de sus agujas como orugas retorcidas,
de su orbitar eterno
hacia el que huyen los instantes.
Creí que su cáliz de carne
vencía mis yemas
a la hora exacta de la saliva.
¡Excusadme: he vivido!
Creí que la poesía era culpable
del transitorio enjambre de besos
sobre la nuca cansada
o de su tibio aliento prodigado
como una oración sobre mi espalda.