AndrésCa
Poeta recién llegado
4.
Aquello que se llama inteligencia es con frecuencia petulancia y pedantería.
La inocencia jamás advierte su valor sagrado,
pues humildad y sencillez son los más preciados dones de la amorosa y pródiga naturaleza.
Una mirada tuya, una palabra, más entretienen que todas las sabidurías.
¡Oh, tú, tierna imagen de la divinidad!
5.
¡Te quiere! ¡Te quiere! ¿Sabes lo que eso significa?
¡No tiembles! Deja que esta mirada y que este apretón de manos te digan lo indecible:
la dicha de la entrega que ha de ser eterna.
¡Eterna, sí!, pues en su fin está la desesperación.
¡No, no habrá fin, no habrá fin alguno!
Aquello que se llama inteligencia es con frecuencia petulancia y pedantería.
La inocencia jamás advierte su valor sagrado,
pues humildad y sencillez son los más preciados dones de la amorosa y pródiga naturaleza.
Una mirada tuya, una palabra, más entretienen que todas las sabidurías.
¡Oh, tú, tierna imagen de la divinidad!
5.
¡Te quiere! ¡Te quiere! ¿Sabes lo que eso significa?
¡No tiembles! Deja que esta mirada y que este apretón de manos te digan lo indecible:
la dicha de la entrega que ha de ser eterna.
¡Eterna, sí!, pues en su fin está la desesperación.
¡No, no habrá fin, no habrá fin alguno!