Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estaba deliberando en su momento,
si era la hora, de que las libélulas se tragaran el mar;
si era la hora de rendir su voluntad,
y dejar que el ataúd del cielo
engendrará un dios ciego.
Pero las idiotas libélulas, solo acudían
con el sonido de tu voz,
se quemaban en los espejismos, sin sol.
Asi que deliberar, era solo un último intento.
Siempre un último intento.
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