Voy tras tus pasos desnudos y en silencio
siguiéndote va mi huella que darte alcance procura,
has marcado mi ventana con tu desprecio.
Misteriosa y sonriente, pasas locura.
Escucha, no se puede encarcelar a las palabras.
Libéralas, que son mariposas presas entre los labios
revoloteando en el centro de toda vida,
ahí donde anidan los suspiros.
Eres delgada línea perfilada y de ensueño
as azul que escondes mi libertad,
si pudiera te compraría y sería tu dueño.
Para ir por los prados silbando de felicidad.
Si vieras, como yo al universo de tu alma
haciendo eco de mi voz en tus palabras,
acunando en versos la tensa calma.
Cuando decides plasmar y me alegras.
Lo que mis manos aprendieron a acoplar sin altura
en el campo de tu cuerpo lo sembraron,
cuando el verso se silencia en la locura.
Las palabras se armonizan en el corazón.
Apagaste tu voz en mi pecho, agitado
colgaste las palabras que gritan agravios,
susurras a mi oído cuanto te he amado.
Silenciando con un beso mis labios.
Alguna vez escucharas a mi corazón,
pronunciando todas aquellas palabras,
y en delirio abierto decirlo, sin perder la razón.
Las que nunca mencione y que tú deberías saberlas.
He viajado cuantas noches
hasta el amanecer,
he vuelto del espiral de la oscuridad
rendido y descalzo.
Pero feliz de haberte soñado;
de haberme aproximado,
lo suficiente en la distancia a la locura.