Hortencia
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esa catedral labrada por un orfebre,
Sus colores llamando el cielo;
Tiene gemidos de herrumbre,
Partículas de luz sin vuelo.
En su bóveda celeste de cielo,
Señala su aguja punzante,
La pena de un alma errante;
Mandando sus llamas al infierno.
Aguas tormentosas se diluyen,
Cenizas convertidas en polvo,
Queriendo volver a su nada.