jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
.
al terminar de tomarme la cerveza
sostengo la lata y, practicamente sin apuntar
echo el brazo un poco hacia atrás
y calculo mentalmente, en cuestión de milisegundos
la fuerza del impulso de salida que debo aplicar
para conseguir que la lata recorra vía aérea
los 5 y pico de metros que hay
entre mi cama y la boca del cartón situado en la esquina más lejana del cuarto
que uso como papelera
enseguida ejecuto el lanzamiento
que por lo regular -unas 9 de cada 10 veces-
tiene como resultado que
la lata caiga limpiamente dentro del cartón
no digo que sea, ni mucho menos
la gran hazaña mundial o cosa parecida,
ni que el hecho de haber podido desarrollar
tras largos y sostenidos períodos de arduo entrenamiento
esa sobrenatural habilidad para arrojar y hacer caer
dentro de un recipiente de boca más bien estrecha
y situado a una distancia relativamente apartada del punto original de lanzamiento
un ligero objeto cilíndrico de aluminio
al que previamente me he dado a la tarea de
extraerle hasta la última gota de cerveza que contenga
deba ser considerado como prueba irrefutable
de mi superioridad intelectual, sexual y espiritual
respecto a cualquier otro individuo de la especie
carente de dicha destreza
sin embargo, la verdad sea dicha
no puedo evitar sentir, cada vez que una nueva lata termina
yendo a descansar al fondo del citado cartón
que una corriente endorfínica de satisfacción me recorra el cuerpo
y lleve mi ánimo a ese punto extremo de la euforia
bajo cuyos efectos termino siempre por hacerme
una serie de reflexiones como las que siguen:
"su puta madre, villa
puede que llegar a ser capaz
de encestar en completo estado de ebriedad
-a oscuras, medio echado, con frecuencia también mariguaneado-
9 de cada 10 putas latas de cerveza
desde casi 6 metros de distancia
en ese jodido cartón de la basura...
no requiera a fin de cuentas más que de
cierta práctica y constancia
-y ponerse pedo todos los malditos días sin falta-
pero ser un puto puto crak de la poesía moderna,
culear todos los días con hermosas mujeres que
se desgreñan entre ellas por meterse en tu cama
y tener además esa prodigiosa puntería
para atinarle al jodido cartón con las jodidas latas:
¡eso te pone tranquilamente al nivel de un semidiós, cabrón!"
luego me viene el derrumbe emocional post-euforia
y vuelvo entonces a ser el tipo ecuánime y humilde
que por lo regular soy:
miro el celular a ver si tengo algún mensaje
-excepto alguno de isa que me cobra la última mamada que me hizo
nunca hay nada-,
destapo otra jodida lata de corona,
me digo "venga, campeón, arriba ese ánimo"
y me veo asaltado al fin inevitablemente
por la terrible sospecha y el convencimiento
de que nunca en realidad lograré ser otra cosa
más que un puto borrachín de mierda al que la bebida le fundió el cerebro
.
al terminar de tomarme la cerveza
sostengo la lata y, practicamente sin apuntar
echo el brazo un poco hacia atrás
y calculo mentalmente, en cuestión de milisegundos
la fuerza del impulso de salida que debo aplicar
para conseguir que la lata recorra vía aérea
los 5 y pico de metros que hay
entre mi cama y la boca del cartón situado en la esquina más lejana del cuarto
que uso como papelera
enseguida ejecuto el lanzamiento
que por lo regular -unas 9 de cada 10 veces-
tiene como resultado que
la lata caiga limpiamente dentro del cartón
no digo que sea, ni mucho menos
la gran hazaña mundial o cosa parecida,
ni que el hecho de haber podido desarrollar
tras largos y sostenidos períodos de arduo entrenamiento
esa sobrenatural habilidad para arrojar y hacer caer
dentro de un recipiente de boca más bien estrecha
y situado a una distancia relativamente apartada del punto original de lanzamiento
un ligero objeto cilíndrico de aluminio
al que previamente me he dado a la tarea de
extraerle hasta la última gota de cerveza que contenga
deba ser considerado como prueba irrefutable
de mi superioridad intelectual, sexual y espiritual
respecto a cualquier otro individuo de la especie
carente de dicha destreza
sin embargo, la verdad sea dicha
no puedo evitar sentir, cada vez que una nueva lata termina
yendo a descansar al fondo del citado cartón
que una corriente endorfínica de satisfacción me recorra el cuerpo
y lleve mi ánimo a ese punto extremo de la euforia
bajo cuyos efectos termino siempre por hacerme
una serie de reflexiones como las que siguen:
"su puta madre, villa
puede que llegar a ser capaz
de encestar en completo estado de ebriedad
-a oscuras, medio echado, con frecuencia también mariguaneado-
9 de cada 10 putas latas de cerveza
desde casi 6 metros de distancia
en ese jodido cartón de la basura...
no requiera a fin de cuentas más que de
cierta práctica y constancia
-y ponerse pedo todos los malditos días sin falta-
pero ser un puto puto crak de la poesía moderna,
culear todos los días con hermosas mujeres que
se desgreñan entre ellas por meterse en tu cama
y tener además esa prodigiosa puntería
para atinarle al jodido cartón con las jodidas latas:
¡eso te pone tranquilamente al nivel de un semidiós, cabrón!"
luego me viene el derrumbe emocional post-euforia
y vuelvo entonces a ser el tipo ecuánime y humilde
que por lo regular soy:
miro el celular a ver si tengo algún mensaje
-excepto alguno de isa que me cobra la última mamada que me hizo
nunca hay nada-,
destapo otra jodida lata de corona,
me digo "venga, campeón, arriba ese ánimo"
y me veo asaltado al fin inevitablemente
por la terrible sospecha y el convencimiento
de que nunca en realidad lograré ser otra cosa
más que un puto borrachín de mierda al que la bebida le fundió el cerebro
.