Zillah
Poeta recién llegado
Ahora que encontré la verdad,
ahora es que soy un perro.
Impulsado por los placeres
vulgares me volví tan horrible
como un espantapájaros.
He estado soñando demasiado,
alimentando mi imaginación
con mujeres, venenos, enfermedades
fingidas y todas las mentiras que
me atreví a pronunciar.
Tengo un gran talento para los
espejismos y las fantasmagorías, veo
a Artemisa en todas las mujeres, veo el
Olimpo en un hormiguero. Los vivos
son fantasmas, los fantasmas mis amigos.
Esos neones que anuncian perversiones me
vuelven loco, ¡les juro que es como subir por
una escalera que lleva hacia la nada!
Me siento dentro de un muro, ¿en que dimensión
estoy? Me siento tan avieso como el infierno.
Soy un caballero de la levedad, por eso siempre
recito elegías y nunca pienso nada dos veces.
Tengo la boca agria, tengo la lengua manchada
por cenizas (cortesía de muchas horas con mi houka).
Soy un neófito del inframundo, bautizado en la Estigia,
compañero fiel de todos los delirios, amante de las viudas.
Cazador, persecutor de las sirvientas, tu flecha señala el
camino insípido de mis hermanos, mejor que fueran errantes
a ser sometidos por la vida insustancial, estarán mejor
con sus ojos asediados por un ejercito de gusanos.
Tengo dos cicatrices en mi carne, son los reflejos
de las aflicciones de mi alma, tan burda como un bárbaro.
¡Tengo tantos deseos, tanta lujuria, soy repugnante!
Quiero ser avaro como el cielo, hacer morada en todos
los pensamientos, quiero aprenderlo todo, quiero ser
un alquimista de la vida, que las puritanas griten mi nombre.
Preciosa vida, eres mas tormento que el temor a la muerte.
Llevo una corona de mandrágoras, quiero ser profeta
no poeta, quiero recostarme en praderas rojas y ver mi muerte.
Bajo una escalera que no podré subir, estoy feliz, soy inmortal.
ahora es que soy un perro.
Impulsado por los placeres
vulgares me volví tan horrible
como un espantapájaros.
He estado soñando demasiado,
alimentando mi imaginación
con mujeres, venenos, enfermedades
fingidas y todas las mentiras que
me atreví a pronunciar.
Tengo un gran talento para los
espejismos y las fantasmagorías, veo
a Artemisa en todas las mujeres, veo el
Olimpo en un hormiguero. Los vivos
son fantasmas, los fantasmas mis amigos.
Esos neones que anuncian perversiones me
vuelven loco, ¡les juro que es como subir por
una escalera que lleva hacia la nada!
Me siento dentro de un muro, ¿en que dimensión
estoy? Me siento tan avieso como el infierno.
Soy un caballero de la levedad, por eso siempre
recito elegías y nunca pienso nada dos veces.
Tengo la boca agria, tengo la lengua manchada
por cenizas (cortesía de muchas horas con mi houka).
Soy un neófito del inframundo, bautizado en la Estigia,
compañero fiel de todos los delirios, amante de las viudas.
Cazador, persecutor de las sirvientas, tu flecha señala el
camino insípido de mis hermanos, mejor que fueran errantes
a ser sometidos por la vida insustancial, estarán mejor
con sus ojos asediados por un ejercito de gusanos.
Tengo dos cicatrices en mi carne, son los reflejos
de las aflicciones de mi alma, tan burda como un bárbaro.
¡Tengo tantos deseos, tanta lujuria, soy repugnante!
Quiero ser avaro como el cielo, hacer morada en todos
los pensamientos, quiero aprenderlo todo, quiero ser
un alquimista de la vida, que las puritanas griten mi nombre.
Preciosa vida, eres mas tormento que el temor a la muerte.
Llevo una corona de mandrágoras, quiero ser profeta
no poeta, quiero recostarme en praderas rojas y ver mi muerte.
Bajo una escalera que no podré subir, estoy feliz, soy inmortal.