De las garras del silencio escucho
Aun enmudecidas voces del quebranto,
Aullando
A la mortuoria esfera,
Aquella luna
De blanco nácar,
Que se arroba
En la penumbra abovedada.
Extasiase la mirada
Hendidas cuencas
Al vertiginoso vacío,
Se ven a si mismas
Y no se encuentran
Más que en el olvido,
Su propio abismo
De valles deprimidos,
Húmedos y lívidos,
Que encierran ojos tristes
Sin parpados que mastiquen
Los segundos sumergidos
En eterno tormento.
Allí me encuentro
Desnudo por completo
En la gran llanura odiosa;
Bajo una vorágine de fuego
Veo desintegrarse los años,
Tostando excesivamente
Todo lo que es tierno.
Mientras propicia el tiempo
Ya su pasto de lanzas,
La carne hambrienta
Sacia su furtiva espera
De cuchillos y navajas.
Solo,
En el inclemente espacio hueco
Soy cenizas esperando el viento,
Aun muero esperando el tiempo,
Hervido,
En ese espeso mar de sueños.
Me incendio en el desierto...
Raudas las arenas entremezclan
Entre lágrimas de perla.
Empantanan la palustre ciénaga
De la memoria,
Donde ahogados los recuerdos
Claman el olvido.
Me atormentan sus fantasmas
Estancos en su limbo.
Desdeñosos de si mismos
Se suicidan,
Consumiéndose en estrellas solitarias,
Embriagados
En el acido precipitar
De abstrusas tempestades incendiarias
...
Y vago solitario
Por las constelaciones de mi demencia,
No logro articular respuestas,
Entretejiendo el tapiz infame
En las paredes de este mundo
Mas solo, consigo engrosar esas preguntas
Que no tienen rumbo
Apócrifas las odiseas
Por espacios nebulosos,
Cuitado en inmensidades imaginarias
Profiero histéricas risotadas,
Frente al astral espejo
Que me absorbe el universo.
Trashumante me dilato al todo,
Trascendental omnipresencia
En mis fronteras racionales.
Extasiando la materia,
Descuento los incisos del Eón
Que me ha negado
La inmortalidad
Y solo fui un segundo
En la eternidad...