Un demonio suele ser definido como una entidad desencarnada,de carácter espiritual,cuya capacidad de manifestarse en el mundo físico se haya garantizada por su potencia de transmutar su esencia invisible en fluido dúctil o etérico,utilizando las concentraciones de quintaesencia que subyacen tras la realidad como medios de trasvase o filtro.Pero el demonio personal-daimon o demon-es una entidad espiritual que se haya concretizada o encarnada en una mente para dirigirla desde el primer día de su nacimiento;opera a modo de intuición no-consciente,multiplicándose numéricamente en los varios centros neurológicos de un cerebro para mantener y recrear procesos vitales,emocionales e intelectuales.Su esencia de transcendencia superior a la de la propia estructura cerebral no le permite diluirse en agregado material de ninguna especie:sólo el Ser o acto sombrío de su potencia intelectiva está proyectado como letargo pasivo de una fantasía vegetativa,desenfocada y corrompida desde que ingresa como imagen en el mundo individuado de la razón y el cerebro.Un demon adquiere el rango de expresión simbólica inusual y sorprendente para la intuición impresionable del filósofo trágico,de anhelo brumoso y artístico de la obscura voluntad de poder.Un demon se propone influir sobre el comportamiento a modo de pasión numinosa,resorte irracional con un alto contenido providencial;un demon se apoya en el carácter sagrado de una imaginación perturbada desde dentro,de una fantasía aniquilada por designios ancestrales.El demon es entidad que liquida su fenómeno en la pura e intuitiva visión virtual de nuestra existencia razonadora y cerebral.Se haya proyectado a modo de sugestión ominosa,susurrante y terrorífica;de razón metafísica cuyo único signo de perversión consiste en haber y seguir siendo la matriz descompuesta y caótica de los infinitos futuros y razones sublimes que jamás poeta ni fausto alguno llegarían a vislumbrar bajo la niebla profunda de su babilónico inconsciente colectivo.
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