Sommbras
Poeta adicto al portal
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Dentro del beso (1 de 2)
En el beso no se puede describir
lo que antes se llamaba soledad
No es tan simple escribir
la gula de inmensidad del beso,
o dibujar en letras una chispa de lo eterno.
Besar, sentir que el amor te ama,
también es un caminar en neblinas por un círculo,
succionar con labios el nombre con ternura,
sin que el otro sepa totalmente por qué.
También dar a tus sentidos dirección de arco,
y lanzar en clamoroso silencio
las dos poderosas palabras,
Alfa y Omega del amor,
porque serán cascabeles para los oídos.
Después de la concoidea redondez del beso,
al salir del posterior abrazo del oso,
recuerda decir las dos palabras,
que el te quiero sea blando,
pero con un entrañable vigor,
como el roce de una caricia
que recorre la carita del niñito que os nacerá.
...
..
.
Jesús Soriano
Dentro del beso (2)
Cuando vivimos dentro del beso, el río de la vida pasa arrastrando lentas maravillas, deslizarse dentro del beso es sentirse como un niño o una niña en el país de los papás.
Después de escribir más de trescientos poemas del beso, pocas cosas del besar me quedan por decir, quizá improvisar y cocinar alguna metáfora al ajillo, porque el beso siempre obedece a las necesidades del momento.
El beso son letras arriesgadas, imperfectas y emocionales, invectivas contra lo que se mueve, porque algunos besos son mares turbulentos tratando de seducir al naufrago con pequeñas islas sorpresivas, sobre todo, cuando sobra soledad.
Y recordad, que beso puede ser el resumen de una sonrisa encendida, porque beso es luz virtuosa que no anhela sombra. Convendría analizar la de lucecitas que diariamente apagamos, porque beso a beso se forja el machimbre del amor.
Para saber qué nos perdemos diariamente si no besamos, yo recomiendo un ejercicio muy simple: tomad un beso y colocarlo en vuestra mano. Observar que el beso está limpio, como cualquier palabra muerta, que tiene la vitalidad inocente de un árbol, le advertiréis un deseo de todo y que lleva la nada incrustada muy adentro (no, eso gris son primos del amor, así dicen), (también, cobijos para ciertos inviernos). Luego, acercar vuestro aliento, veréis como gime, pierde, y se escurre temblando.
Mirad en qué pasillo de qué convento desolado se escondió el beso, o por cual río salió nadando. Los ríos y conventos, muchas veces, tienen mar.
Tomadlo de nuevo en la mano, trincarlo de la garganta hasta que suelte todos sus ayes, estudiar la espuma que flota en sus olas y después enterrarlo.
Jesús Soriano[/TD]
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Dentro del beso (1 de 2)
En el beso no se puede describir
lo que antes se llamaba soledad
No es tan simple escribir
la gula de inmensidad del beso,
o dibujar en letras una chispa de lo eterno.
Besar, sentir que el amor te ama,
también es un caminar en neblinas por un círculo,
succionar con labios el nombre con ternura,
sin que el otro sepa totalmente por qué.
También dar a tus sentidos dirección de arco,
y lanzar en clamoroso silencio
las dos poderosas palabras,
Alfa y Omega del amor,
porque serán cascabeles para los oídos.
Después de la concoidea redondez del beso,
al salir del posterior abrazo del oso,
recuerda decir las dos palabras,
que el te quiero sea blando,
pero con un entrañable vigor,
como el roce de una caricia
que recorre la carita del niñito que os nacerá.
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Jesús Soriano
Dentro del beso (2)
Cuando vivimos dentro del beso, el río de la vida pasa arrastrando lentas maravillas, deslizarse dentro del beso es sentirse como un niño o una niña en el país de los papás.
Después de escribir más de trescientos poemas del beso, pocas cosas del besar me quedan por decir, quizá improvisar y cocinar alguna metáfora al ajillo, porque el beso siempre obedece a las necesidades del momento.
El beso son letras arriesgadas, imperfectas y emocionales, invectivas contra lo que se mueve, porque algunos besos son mares turbulentos tratando de seducir al naufrago con pequeñas islas sorpresivas, sobre todo, cuando sobra soledad.
Y recordad, que beso puede ser el resumen de una sonrisa encendida, porque beso es luz virtuosa que no anhela sombra. Convendría analizar la de lucecitas que diariamente apagamos, porque beso a beso se forja el machimbre del amor.
Para saber qué nos perdemos diariamente si no besamos, yo recomiendo un ejercicio muy simple: tomad un beso y colocarlo en vuestra mano. Observar que el beso está limpio, como cualquier palabra muerta, que tiene la vitalidad inocente de un árbol, le advertiréis un deseo de todo y que lleva la nada incrustada muy adentro (no, eso gris son primos del amor, así dicen), (también, cobijos para ciertos inviernos). Luego, acercar vuestro aliento, veréis como gime, pierde, y se escurre temblando.
Mirad en qué pasillo de qué convento desolado se escondió el beso, o por cual río salió nadando. Los ríos y conventos, muchas veces, tienen mar.
Tomadlo de nuevo en la mano, trincarlo de la garganta hasta que suelte todos sus ayes, estudiar la espuma que flota en sus olas y después enterrarlo.
Jesús Soriano[/TD]
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