BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay leves territorios encharcados de bruma.
Allí golpean con nubes el objeto de deseo.
Escuchan livianos los trajes sus sustentos
y emolumentos cotidianos. Las nebulosas
perdidas, atrapan insectos con la boca dividida.
En las fosas y en los largos cementerios,
la blancura se solaza con extremos de hambruna.
Allí la cueva inmaterial alarga tenuemente
sus depósitos de circunstancias y drogas.
Hay céspedes terrestres que invitan al sosiego,
desnudando su suave cáncer la amatista profiere
un bostezo, lunas que deforman un guante de pureza
incontestable. Largas barcazas de miedo, aguantan
el vómito insaciable de los terratenientes, testículos
que admiran su potestad de nieve o arena.
Cúspides indecisas aplazan sus tenebrosas materias
erguidas, en la irrealidad de las cosas aparecen
sutiles cuerdas deshilachadas.
©
Allí golpean con nubes el objeto de deseo.
Escuchan livianos los trajes sus sustentos
y emolumentos cotidianos. Las nebulosas
perdidas, atrapan insectos con la boca dividida.
En las fosas y en los largos cementerios,
la blancura se solaza con extremos de hambruna.
Allí la cueva inmaterial alarga tenuemente
sus depósitos de circunstancias y drogas.
Hay céspedes terrestres que invitan al sosiego,
desnudando su suave cáncer la amatista profiere
un bostezo, lunas que deforman un guante de pureza
incontestable. Largas barcazas de miedo, aguantan
el vómito insaciable de los terratenientes, testículos
que admiran su potestad de nieve o arena.
Cúspides indecisas aplazan sus tenebrosas materias
erguidas, en la irrealidad de las cosas aparecen
sutiles cuerdas deshilachadas.
©