El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
Han llegado a nuestro valle, no nos gusta esa familia,
sabemos de buena tinta que practican la zoofilia.
Suelen bajar a los prados, se insinúan a las ovejas,
a las gallinas, las cabras y siempre alguna se deja.
Qué panda de pervertidos, la mas viciosa la yaya,
lo que hace esa señora con una simple cobaya.
Los padres son muy amables, él trabaja en las canteras
aunque aquí todos comentan que atraca gasolineras.
Los mellizos aún estudian y ella trabaja de noche,
a las afueras del valle subiendo de coche en coche.
El abuelo es muy cristiano y se confiesa a diario,
lo que no entiendo es a que entra en el confesionario.
Cayeron como una plaga, este pueblo está cambiando,
todos borrachos, drogados, sólo piensan en el mambo.
Hoy me acabo de enterar, enfrentarse será en balde,
el cabeza de familia se presenta como alcalde.
Promete rios de cerveza y fuentes de fresco anís,
juego y sexo obligatorios y excursiones a París.
¡Quedamos hombres decentes!, yo, mi hermano y cuatro gatos,
aún así los suficientes para evitar su mandato.
Esta noche baja al prado, nos cobraremos la pieza,
hemos pagado a un sicario que le vuele la cabeza.
Nos han dicho que es muy serio, letal y con referencias,
sin vicios ni desviaciones y un dechado de decencia.
Va a por él y vuelve extraño, dice que no lo ha encontrado,
¿y esas plumas de gallina?, ¿y ese pestazo a ganado?.
Nuestra última esperanza y ha sucumbido al pecado,
en vez de pegarle un tiro junto a él ha cabalgado.
sabemos de buena tinta que practican la zoofilia.
Suelen bajar a los prados, se insinúan a las ovejas,
a las gallinas, las cabras y siempre alguna se deja.
Qué panda de pervertidos, la mas viciosa la yaya,
lo que hace esa señora con una simple cobaya.
Los padres son muy amables, él trabaja en las canteras
aunque aquí todos comentan que atraca gasolineras.
Los mellizos aún estudian y ella trabaja de noche,
a las afueras del valle subiendo de coche en coche.
El abuelo es muy cristiano y se confiesa a diario,
lo que no entiendo es a que entra en el confesionario.
Cayeron como una plaga, este pueblo está cambiando,
todos borrachos, drogados, sólo piensan en el mambo.
Hoy me acabo de enterar, enfrentarse será en balde,
el cabeza de familia se presenta como alcalde.
Promete rios de cerveza y fuentes de fresco anís,
juego y sexo obligatorios y excursiones a París.
¡Quedamos hombres decentes!, yo, mi hermano y cuatro gatos,
aún así los suficientes para evitar su mandato.
Esta noche baja al prado, nos cobraremos la pieza,
hemos pagado a un sicario que le vuele la cabeza.
Nos han dicho que es muy serio, letal y con referencias,
sin vicios ni desviaciones y un dechado de decencia.
Va a por él y vuelve extraño, dice que no lo ha encontrado,
¿y esas plumas de gallina?, ¿y ese pestazo a ganado?.
Nuestra última esperanza y ha sucumbido al pecado,
en vez de pegarle un tiro junto a él ha cabalgado.