Sinuhé
Poeta adicto al portal
Deprisa amor, deprisa.
Piensa que el tiempo se nos va y el dolor de nuevo nos encuentra.
Si, nos ganará nuevamente la partida.
Es por eso que te ruego que vivamos cada instante,
cada beso como si fuese el último.
Apresúrate mi amor que nos llenan de silencio;
la muerte de este día nos consume con sus sombras.
¿De qué sirve que nos nieguen entre tantos imposibles?
¡Si somos uno, siempre eternos!
Y nos separan las distancias, enormes extensiones de hielo.
Si tan solo comprendieran lo que duelen nuestros nombres,
lo que lastiman nuestras cosas.
Miedo. De verdad que conocemos el terror, pavorosos; destruidos.
Pero siempre fabricamos las ciudades donde existe nuestro amor,
un minuto, una tarde.
Pero nuestro mundo vuela entonces, poseído de alegría,
y es inmenso nuestro cielo satinado de nosotros.
Ah mi luz, tú no me dejas no, tú me retienes,
con encendidos besos de fuego hechos.
Por eso digo que este cielo se enamora de nosotros,
caen Ángeles dolientes, cautivados, lloran;
invadidos del más perfecto amor que conocieron en sus siglos.
Vuelve el silencio.
Me cubres con tus ojos tan perfectos de la lluvia.
Me cobijas con tus manos, temblorosas ya de mí.
Llueve en nosotros amor, fecunda con nosotros niña mía, los campos.
Cuanto amor desparramado por el suelo,
inútilmente destrozado, en poderosas avalanchas inmensas.
¡Ay amor de siempre! , ¡Ay amor de todavía! ,
¡Ay amor mío del perfecto amor construido! ,
¡Ay amor nuestro de los sueños! , yo te amo. Infinito amor de mis días.
Yo te amo disperso, sereno, extasiado de ti.
¿De qué nos sirven estas horas amor?
Nuestra historia es: del nunca jamás escrita desde ayer y desde siempre.
¿De qué sirve nuestra historia sin sufrirnos?
Tu, eterna mía, dolorosa mía; refugio mío de hoy y de mañana.
¡Tanto amor desparramado por las calles! ¡Tanto dolor!
¿Qué importa entonces mi amor que te me vayas?
Si eres tan mía como este nombre mío.
Si me amas tanto tú también que de nada sirven las distancias.
Por eso corre, ¡huye!, que más pronto volverás a mí entonces.
Deprisa amor, deprisa corre; que el mundo nuestro se destruye nuevamente.
......
.....
....
...
..
.
Piensa que el tiempo se nos va y el dolor de nuevo nos encuentra.
Si, nos ganará nuevamente la partida.
Es por eso que te ruego que vivamos cada instante,
cada beso como si fuese el último.
Apresúrate mi amor que nos llenan de silencio;
la muerte de este día nos consume con sus sombras.
¿De qué sirve que nos nieguen entre tantos imposibles?
¡Si somos uno, siempre eternos!
Y nos separan las distancias, enormes extensiones de hielo.
Si tan solo comprendieran lo que duelen nuestros nombres,
lo que lastiman nuestras cosas.
Miedo. De verdad que conocemos el terror, pavorosos; destruidos.
Pero siempre fabricamos las ciudades donde existe nuestro amor,
un minuto, una tarde.
Pero nuestro mundo vuela entonces, poseído de alegría,
y es inmenso nuestro cielo satinado de nosotros.
Ah mi luz, tú no me dejas no, tú me retienes,
con encendidos besos de fuego hechos.
Por eso digo que este cielo se enamora de nosotros,
caen Ángeles dolientes, cautivados, lloran;
invadidos del más perfecto amor que conocieron en sus siglos.
Vuelve el silencio.
Me cubres con tus ojos tan perfectos de la lluvia.
Me cobijas con tus manos, temblorosas ya de mí.
Llueve en nosotros amor, fecunda con nosotros niña mía, los campos.
Cuanto amor desparramado por el suelo,
inútilmente destrozado, en poderosas avalanchas inmensas.
¡Ay amor de siempre! , ¡Ay amor de todavía! ,
¡Ay amor mío del perfecto amor construido! ,
¡Ay amor nuestro de los sueños! , yo te amo. Infinito amor de mis días.
Yo te amo disperso, sereno, extasiado de ti.
¿De qué nos sirven estas horas amor?
Nuestra historia es: del nunca jamás escrita desde ayer y desde siempre.
¿De qué sirve nuestra historia sin sufrirnos?
Tu, eterna mía, dolorosa mía; refugio mío de hoy y de mañana.
¡Tanto amor desparramado por las calles! ¡Tanto dolor!
¿Qué importa entonces mi amor que te me vayas?
Si eres tan mía como este nombre mío.
Si me amas tanto tú también que de nada sirven las distancias.
Por eso corre, ¡huye!, que más pronto volverás a mí entonces.
Deprisa amor, deprisa corre; que el mundo nuestro se destruye nuevamente.
......
.....
....
...
..
.