jorgeaa
Poeta recién llegado
Ayer,
el estadio se tiñó de verde
y las calles de carmín.
Las ambulancias y los megáfonos,
preparaban la más temible
banda sonora de Atenas.
La puerta trece se ha abierto al fin
después de ocho meses;
y el graderío norte
y el graderío sur,
se asemejan con cada grito,
al infierno de Dante.
Los cielos se pintan
de un pegajoso rojizo esmeralda;
humeante y lleno de poder.
Los graffitis iracundos
aúllan en un perfecto
griego coloquial;
de lo que sólo comprendo
que no será
una tranquila tarde de domingo.
Mientras tomo mi asiento,
un energético silbido,
ha dado inicio
a la madre de las batallas.
Siento lo verduzco de mi sangre,
aún siendo un extranjero.
Me hago uno con los locales
y empiezo a alentar
al equipo de casa.
Los ultras a coro,
unen sus voces en un canto de guerra;
las bengalas incendiando el ala norte
y la vibración unánime que existe en la tribuna,
te invitan a pensar
que aquí,
sólo se juega futból.
Jorge Aguilar Amado
el estadio se tiñó de verde
y las calles de carmín.
Las ambulancias y los megáfonos,
preparaban la más temible
banda sonora de Atenas.
La puerta trece se ha abierto al fin
después de ocho meses;
y el graderío norte
y el graderío sur,
se asemejan con cada grito,
al infierno de Dante.
Los cielos se pintan
de un pegajoso rojizo esmeralda;
humeante y lleno de poder.
Los graffitis iracundos
aúllan en un perfecto
griego coloquial;
de lo que sólo comprendo
que no será
una tranquila tarde de domingo.
Mientras tomo mi asiento,
un energético silbido,
ha dado inicio
a la madre de las batallas.
Siento lo verduzco de mi sangre,
aún siendo un extranjero.
Me hago uno con los locales
y empiezo a alentar
al equipo de casa.
Los ultras a coro,
unen sus voces en un canto de guerra;
las bengalas incendiando el ala norte
y la vibración unánime que existe en la tribuna,
te invitan a pensar
que aquí,
sólo se juega futból.
Jorge Aguilar Amado
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