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Derek Walcott

Tema en 'Biblioteca de Poetas consagrados en verso libre' comenzado por lluvia de enero, 13 de Mayo de 2015. Respuestas: 0 | Visitas: 1158

  1. lluvia de enero

    lluvia de enero Simplemente mujer

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    Derek Walcott (Castries, isla de Santa Lucía, 1930) Poeta y dramaturgo caribeño que funde la tradición cultural antillana con la poesía clásica y moderna en lengua inglesa. Considerado uno de los grandes poetas contemporáneos, recibió en 1992 el premio Nobel de Literatura.
    Descendiente de esclavos negros e hijo de un pintor británico blanco, abandonó su isla natal y estudió en la universidad de West Indies, en Jamaica. De 1959 a 1976 dirigió el Taller de Teatro de Trinidad. Viajó a Estados Unidos en 1981 y se instaló en Boston para dar clases en la universidad local y en Harvard. Ha escrito más de quince libros de poesía y alrededor de treinta piezas de teatro. La mayor parte de su obra aborda las experiencias del pueblo caribeño y reflexiona sobre su herencia: una mezcla de las culturas africana, inglesa y holandesa.
    Su poesía relaciona en un solo discurso tres lenguas que provienen de culturas orgánicamente integradas: el inglés, que es su lengua madre, enriquecido con dialectos venidos del África negra, a lo que se añade el holandés, la lengua del poder o del conquistador. Por tanto, su obra es el proceso de reconstrucción de todo un proceso histórico, no sólo del lenguaje.
    A pesar de que considera que en la literatura no existe la pureza étnica, Walcott trabaja sólidamente con la tradición poética en lengua inglesa, tanto con los clásicos como con los poetas modernos. Sus versos poseen potentes imágenes visuales y conceptuales, que junto con el ritmo y el trabajo con la métrica, crean una poesía elegante y a la vez intelectual, que cautiva al lector por la plasticidad de las imágenes y la fuerza moral del discurso.
    Entre sus obras se destacan Otra vida (1973), Uvas de mar (1976), El reino de la manzana estrellada (1979), El viajero afortunado (1981), Verano (1984), El testamento de Arkansas (1987) y Omeros (1990). Ha escrito obras de teatro, entre ellas la conocida Sueño en la montaña del mono (1970). Otra fase destacada de su obra son los ensayos y reflexiones sobre poesía y otros temas, como el volumen La voz del crepúsculo (1998), pues en ellos clarifica sus ideas poéticas, postulando una cosmovisión que coloca a las Antillas dentro de un proceso mayor de memoria épica.


    Datos biográficos extraídos de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/walcott.htm




    ***************​


    CAÑAVERAL MARINO


    La mitad de mis amigos ha muerto.
    Te haré unos nuevos, dijo la tierra.
    No, grité. Devuélvemelos
    tal como eran, con sus fallas y todo.

    Esta noche puedo arrebatar su conversación
    a la pálida resaca monótona
    entre los cañaverales, pero no puedo caminar

    sobre las hojas marinas iluminadas por la luna
    solo, por ese camino albo
    o flotar en el estado de sueño

    en que las lechuzas abandonan la carga del mundo.
    Oh tierra, el número de amigos que tú guardas
    excede en mucho al de aquellos que quedan por amar.

    Los cañaverales marinos al borde del acantilado despiden
    un fulgor verde y plata;
    eran ellos las lanzas seráficas de mi fe,
    pero de aquello que se ha perdido nace algo aún más fuerte

    que posee el brillo racional de la piedra,
    que resiste el claro de luna, más allá de la desesperación,
    tan fuerte como el viento, que nos apersona a aquellos que amamos
    por entre los cañaverales divisores, tal como eran,
    con fallas y todo, no perfectos, simplemente así.

    (Versión: Verónica zondek)
    http://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/XXI_Festival/Comunicados/37.htm



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    ME DETENGO A OIR UN ESTREPEITOSO TRIUNFO DE CIGARRAS...​


    Me detengo a oír un estrepitoso triunfo de cigarras
    ajustando el tono de la vida, pero vivir a su tono
    de alegría es insoportable. Que apaguen
    ese sonido. Después de la inmersión del silencio,
    el ojo se acostumbra a las formas de los muebles, y la mente
    a la oscuridad. Las cigarras son frenéticas como los pies
    de mi madre, pisando las agujas de la lluvia que se aproxima.
    Días espesos como hojas entonces, próximos los unos a los otros como
    horas y un olor quemado por el sol se alzó de la carretera lloviznada.
    Punteo sus líneas a las mías ahora con la misma máquina.
    ¡Qué trabajo ante nosotros, qué luz solar para generaciones!-
    La luz corteza de limón en Vermeer, saber que esperará allí
    por otros, la hoja de eucalipto
    rota, aún oliendo fuertemente a trementina,
    el follaje del árbol del pan, de contorno oxidado como en van Ruysdael.
    La sangre holandesa que hay en mí se dibuja con detalle.
    Una vez quise limpiar una gota de agua de un bodegón flamenco
    en un libro de estampas, creyendo que era real.
    Reflejaba el mundo en su cristal, temblando con el peso.
    ¡Qué alegría en esa gota de sudor, sabiendo que otros perseverarán!
    Que escriban: «A los cincuenta invirtió las estaciones,
    la carretera de su sangre cantó con las cigarras parlantes»,
    como cuando emprendí el camino para pintar en mi decimoctavo año.

    (Versión de Vicente Araguas)
    Huerga y Fierro Editores

    http://amediavoz.com/walcott.htm

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