Armonia
Poeta veterana
Desahogo
Es triste el ocaso
cuando los silencios se esparcen
en la cúpula vacía de mi pecho,
en el concierto olvidado
de un cielo sin estrellas.
Es triste el ocaso
cuando efímeros instantes
se escapan de mis manos
cual flama de una vela
que se extingue.
Es triste el ocaso
cuando en un rincón
-apagadas-
las ilusiones aguardan
la caricia que hace vibrar su destello
la fuente que empuja la marea.
Es triste el ocaso
cuando solo soy
la sombra de tus labios,
un eco de tu voz que no me nombra;
impávida caricia que no existe,
Pero sobre todo
es más triste el ocaso
cuando soy
el verbo que se niega a desterrarte.
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