mariano dupont
Poeta fiel al portal
DESALIENTO
Llega con su silencio
suavemente el ocaso,
en esta tarde tibia
de mansa melancolía.
Lánguidas muchachas,
ranas aburridas
y agobio del jazmín
los grillos se enamoran
de la Luna indiferente.
Se opacan pimpollos
y flores
cuando se lleva el color
el atardecer,
pintando de mil tonos
el rumbo del Sol
que se aleja.
El cielo se inflama
sin poeta que le escriba
luciendo vestido tan rojo
como la muleta del torero
como la sangre del matadero.
No hay mas canto del pájaro,
y la Luna se va trepando,
por murallas negras;
mi melancolía
se queda con mil
caracoles de lejanía.
Todo es poemas
de ruegos y de ilusión
que escriben en el cielo
las estrellas al llegar.
Y en la pradera los escriben
los colores que vienen y se van,
cuando los rayos se reflejan
o ya no están.
Todo es ausencia;
el ermitaño es custodio
de su soledad,
está solo el cóndor
en las cumbres,
y el pulpo lo está en el mar.
La noche entera
me quedo contando
las hojas del álamo
y nunca termino de contar.
¿Para que cuento
las hojas y los días
esperando
a los duendes y a la magia
si jamas han de regresar.
¡Porque soy un iluso que divaga!
El álamo lo sabe,
¡y yo tambien lo sé!.
...............................................
Llega con su silencio
suavemente el ocaso,
en esta tarde tibia
de mansa melancolía.
Lánguidas muchachas,
ranas aburridas
y agobio del jazmín
los grillos se enamoran
de la Luna indiferente.
Se opacan pimpollos
y flores
cuando se lleva el color
el atardecer,
pintando de mil tonos
el rumbo del Sol
que se aleja.
El cielo se inflama
sin poeta que le escriba
luciendo vestido tan rojo
como la muleta del torero
como la sangre del matadero.
No hay mas canto del pájaro,
y la Luna se va trepando,
por murallas negras;
mi melancolía
se queda con mil
caracoles de lejanía.
Todo es poemas
de ruegos y de ilusión
que escriben en el cielo
las estrellas al llegar.
Y en la pradera los escriben
los colores que vienen y se van,
cuando los rayos se reflejan
o ya no están.
Todo es ausencia;
el ermitaño es custodio
de su soledad,
está solo el cóndor
en las cumbres,
y el pulpo lo está en el mar.
La noche entera
me quedo contando
las hojas del álamo
y nunca termino de contar.
¿Para que cuento
las hojas y los días
esperando
a los duendes y a la magia
si jamas han de regresar.
¡Porque soy un iluso que divaga!
El álamo lo sabe,
¡y yo tambien lo sé!.
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