mariano ferro
Poeta recién llegado
Soberano fiel de una rutina de realeza hace muchos años devastada.
Soy sólido como esa estatua que perdura erguida entre los pastizales
que habiendo ya tenido descendencia,
cubren hoy cada espacio de la vista infinita.
Aquí no resulta nada.
Mudo estaño gastado a codo que ya no mancha.
Como si quedara alegría en el zumbido húmedo de las moscas
tristemente abarrotadas en los ojos lánguidos de los fusiles gatillados.
Silencio sepia degenerado.
Algo absolutamente agrio.
¿Qué hago con mi mano?
¡Como si fuese a votarla!
¿Qué hice con ella?
Abad que no regresa ni siquiera los domingos para ofrecerme una disculpa.
¡Tanto daño entupido!
Es mío el perdón que nunca me será concedido.
También es mía esa horca y no seré yo quien la estrene.
Es mío este reto, aunque no quisiera combatir.
Tracto inevitable es esta vida huérfana de gemidos lejanos.
Con las risas cómplices de burla azotándome la espalda.
Seré por siempre recuerdo propio.
Pues no hay presente, mis queridos dedos.
Es que ya no hay nada, uñas sucias.
Veré aviejar mi rostro, en surcos secos.
y no haré nada.
Pero siempre, en todo momento.
Yo seré.
Porque soy.
Y no quiero.
Pero soy.
Soy sólido como esa estatua que perdura erguida entre los pastizales
que habiendo ya tenido descendencia,
cubren hoy cada espacio de la vista infinita.
Aquí no resulta nada.
Mudo estaño gastado a codo que ya no mancha.
Como si quedara alegría en el zumbido húmedo de las moscas
tristemente abarrotadas en los ojos lánguidos de los fusiles gatillados.
Silencio sepia degenerado.
Algo absolutamente agrio.
¿Qué hago con mi mano?
¡Como si fuese a votarla!
¿Qué hice con ella?
Abad que no regresa ni siquiera los domingos para ofrecerme una disculpa.
¡Tanto daño entupido!
Es mío el perdón que nunca me será concedido.
También es mía esa horca y no seré yo quien la estrene.
Es mío este reto, aunque no quisiera combatir.
Tracto inevitable es esta vida huérfana de gemidos lejanos.
Con las risas cómplices de burla azotándome la espalda.
Seré por siempre recuerdo propio.
Pues no hay presente, mis queridos dedos.
Es que ya no hay nada, uñas sucias.
Veré aviejar mi rostro, en surcos secos.
y no haré nada.
Pero siempre, en todo momento.
Yo seré.
Porque soy.
Y no quiero.
Pero soy.