Rodolfo Cabrera
Poeta recién llegado
Desangra mi alma turbada
Desangra mi alma turbada
Por tus dados turquesa,
Y sangre en mis ojos
Que brota del mar porque te vas en cautela.
Tu partida me condena los huesos,
Y ni palabras ni cirios que me alumbren
Bajo ésta nido de sombras ufanas.
Me parece inmortal tu llanto,
Tu tímido soliloquio,
Entonces…
¡Prometo no ser más el huésped de tus ojos!
Y si el viento te deslinda de la hora satírica
De tu sonrisa;
El viento y el tiempo a mi alrededor
Serán perplejos a partir de tu partida rota.
A pesar de tus ojos de acontecimiento…
Tú y yo y el silencio;
Y una bestia que pregunta por ti.
Pero si me caigo en una noche violeta,
Dormito entre tus pasos que son hojas,
Que son valles… ¡Lagrimas rojas!
¡Dime!... ¿En qué lugar buscarías a Dios?
¡Ven! Te invito a contar los muertos
De la mañana indiscreta.
Te olvidas de mí sin alcanzar mi mano fría,
Te busco sediento al instante,
Mas tu realidad distorsionada
Que me incinera entre rosas y piras ciegas.
Finalmente…
Tanta lluvia tan misteriosa aquí.
Desangra mi alma turbada
Por tus dados turquesa,
Y sangre en mis ojos
Que brota del mar porque te vas en cautela.
Tu partida me condena los huesos,
Y ni palabras ni cirios que me alumbren
Bajo ésta nido de sombras ufanas.
Me parece inmortal tu llanto,
Tu tímido soliloquio,
Entonces…
¡Prometo no ser más el huésped de tus ojos!
Y si el viento te deslinda de la hora satírica
De tu sonrisa;
El viento y el tiempo a mi alrededor
Serán perplejos a partir de tu partida rota.
A pesar de tus ojos de acontecimiento…
Tú y yo y el silencio;
Y una bestia que pregunta por ti.
Pero si me caigo en una noche violeta,
Dormito entre tus pasos que son hojas,
Que son valles… ¡Lagrimas rojas!
¡Dime!... ¿En qué lugar buscarías a Dios?
¡Ven! Te invito a contar los muertos
De la mañana indiscreta.
Te olvidas de mí sin alcanzar mi mano fría,
Te busco sediento al instante,
Mas tu realidad distorsionada
Que me incinera entre rosas y piras ciegas.
Finalmente…
Tanta lluvia tan misteriosa aquí.
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