En la intimidad de los brillos lagrimales, los dedos húmedos hacían la lectura de un
hombre yo- de azares mudados para ir hacia las lociones de luz.
DESCALZO ENTRE LAS GRAVEDADES (YO)
Era un ser ofrecido en timidez, caminaba
entre el freno de un tiempo detenido,
bruma de perdidos pensamientos
entre lo repentino e inesperado,
trepando en las calmas de una soledad
a la que ofrecí todos mis paisajes claros,
un sueño de paz vivido en lecho de hambres
y siendo mis calientes manos don de vida.
Sí…, amortiguado.
Ayer quise mirar en la ilimitada oscuridad
hacia esa ronda de flores y carne requerida,
frío aluvión de agua en palabras de dedos.
Así me entregué al viento destilado de eternidad.
Una intimidad humana de desamparo perpetuo,
bello amanecer frente a la burbuja suspendida
del magnífico acantilado de las agitaciones otoñales
dudas de violines fúnebres y anclas de soledad
que tejían alas de penas en pliegues menudos.
Creí que era una sensación de vértigos,
hombre anclado en las zarzas del alma,
paralelo de vagar por la ilusión miedosa
descalzo en gravedades de madrigueras
limos y mareas de un alma difusa
movida por las algas del tenue sigilo
cuando los brazos son gotas de retina.
No fue ilusión sino procesión de formas.
El corazón, como un barco de ballet
ardía en poros de ojos de sudor
y sabores de néctar de piel fresada,
mientras los dedos húmedos hacían lectura
de la intimidad de los brillos lagrimales.
Me sentí tan en medio de los sollozos
que el interior de mi boca era primavera,
olor de cubierta de tiempo despreciado,
erupción en las manos mareando ausencias,
como un pétalo rompí los mudados azares
para que el sobresalto del pañuelo fuese danza
al ver las ilusiones bifurcadas en lociones de luz.
* * * * * * *
luzyabsenta
hombre yo- de azares mudados para ir hacia las lociones de luz.
DESCALZO ENTRE LAS GRAVEDADES (YO)
Era un ser ofrecido en timidez, caminaba
entre el freno de un tiempo detenido,
bruma de perdidos pensamientos
entre lo repentino e inesperado,
trepando en las calmas de una soledad
a la que ofrecí todos mis paisajes claros,
un sueño de paz vivido en lecho de hambres
y siendo mis calientes manos don de vida.
Sí…, amortiguado.
Ayer quise mirar en la ilimitada oscuridad
hacia esa ronda de flores y carne requerida,
frío aluvión de agua en palabras de dedos.
Así me entregué al viento destilado de eternidad.
Una intimidad humana de desamparo perpetuo,
bello amanecer frente a la burbuja suspendida
del magnífico acantilado de las agitaciones otoñales
dudas de violines fúnebres y anclas de soledad
que tejían alas de penas en pliegues menudos.
Creí que era una sensación de vértigos,
hombre anclado en las zarzas del alma,
paralelo de vagar por la ilusión miedosa
descalzo en gravedades de madrigueras
limos y mareas de un alma difusa
movida por las algas del tenue sigilo
cuando los brazos son gotas de retina.
No fue ilusión sino procesión de formas.
El corazón, como un barco de ballet
ardía en poros de ojos de sudor
y sabores de néctar de piel fresada,
mientras los dedos húmedos hacían lectura
de la intimidad de los brillos lagrimales.
Me sentí tan en medio de los sollozos
que el interior de mi boca era primavera,
olor de cubierta de tiempo despreciado,
erupción en las manos mareando ausencias,
como un pétalo rompí los mudados azares
para que el sobresalto del pañuelo fuese danza
al ver las ilusiones bifurcadas en lociones de luz.
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luzyabsenta