Tan bella era la dama.
Sus ojos azabaches,
Un nocturno día
De verano reflejaban.
Húmedos y fríos,
Como abundante río.
Tortuoso cual reptil
Que amenaza mi alma.
Descanse en remordimiento
Pondrá en mi lápida.
Mi muerte, al igual que mi vida,
Será perturbada.
¡Sí! Una vez más
Cometí feroz error
De mirar las gotas pasadas.
¡Sí! Otra vez miré
A aquella dama.