Julius 1200
Poeta fiel al portal
Al iniciar tu periplo hacia el séptimo cielo
las brisas solares esmaltan tu piel blanca.
En las horas amodorradas juegas con castillos
de arena.
Por un imprevisto, el dedo hinchado atrae al
dios del castigo.
Quedaron restos de las siete fogatas de anoche,
dudosos arranques de los cangrejos en el
menudeo de arena y sal marina,
e intactas voces apaciguándose en las distancia,
gritos de gaviotas, saetas merodeando como
artistas de circos.
En la playa abundan apelmazados objetos de turistas...
y al fin te descubro magnetizada por el oleaje irascible.
Inerme y de espaldas.
En el derrotero el amor es mejor que el odio oculto
y miserable en su cubil.
La brisa predomina y aumenta la paz.
Anoche fuimos unidos.
Son vacaciones ajustadas a la avidez amorosa.
A luces extasiadas y a ternuras en escorzo,
incluido el tálamo sonriente en el Este y en el Oeste,
donde acaricié los cerezos de tus mullidos senos...
las brisas solares esmaltan tu piel blanca.
En las horas amodorradas juegas con castillos
de arena.
Por un imprevisto, el dedo hinchado atrae al
dios del castigo.
Quedaron restos de las siete fogatas de anoche,
dudosos arranques de los cangrejos en el
menudeo de arena y sal marina,
e intactas voces apaciguándose en las distancia,
gritos de gaviotas, saetas merodeando como
artistas de circos.
En la playa abundan apelmazados objetos de turistas...
y al fin te descubro magnetizada por el oleaje irascible.
Inerme y de espaldas.
En el derrotero el amor es mejor que el odio oculto
y miserable en su cubil.
La brisa predomina y aumenta la paz.
Anoche fuimos unidos.
Son vacaciones ajustadas a la avidez amorosa.
A luces extasiadas y a ternuras en escorzo,
incluido el tálamo sonriente en el Este y en el Oeste,
donde acaricié los cerezos de tus mullidos senos...
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