viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy me sonríe el día
con un diamante en su dentadura azul
de altísimos mares,
con una mañana pletórica y luminosa,
cálida todavía de las sábanas
y trémula como el pecho de un canario.
¿Por qué será que desconfío
de todos los días hasta que mueren?
A mí me cuesta el alma
que se pegue tu sonrisa
a la oscuridad del ocaso,
y levantarme de los sueños
que son tu vasija.
Hoy me sonríe el día,
estará planeando irónico
el acecho de mi paz,
con la clara voz
del alba veraniega
en que todo está nombrado.
Hacen falta los colores anochecidos
para dibujar a los dioses,
la esperanza y los versos.
Hendirse al vórtice de brotar
cada día del útero nocturno,
para recordar que todos nacimos poetas
colocando mal las palabras,
otorgando anatomía a las nubes,
lamiendo con mirada nueva
cada inocencia milenaria
que fuimos desaprendiendo
a bofetadas de madurez.
Dos más dos son cuatro,
NO dos cisnes robando una cruz 2 + 2 = 4
a una silla al revés
a través de unos raíles.
El día sabe que ahora
dos más dos son miedo
a que no den cuatro
con los últimos ojos,
y me ha puesto una sombra
para vigilarme.
Ya puede el día sonreírme,
es de noche cuando me besas.
con un diamante en su dentadura azul
de altísimos mares,
con una mañana pletórica y luminosa,
cálida todavía de las sábanas
y trémula como el pecho de un canario.
¿Por qué será que desconfío
de todos los días hasta que mueren?
A mí me cuesta el alma
que se pegue tu sonrisa
a la oscuridad del ocaso,
y levantarme de los sueños
que son tu vasija.
Hoy me sonríe el día,
estará planeando irónico
el acecho de mi paz,
con la clara voz
del alba veraniega
en que todo está nombrado.
Hacen falta los colores anochecidos
para dibujar a los dioses,
la esperanza y los versos.
Hendirse al vórtice de brotar
cada día del útero nocturno,
para recordar que todos nacimos poetas
colocando mal las palabras,
otorgando anatomía a las nubes,
lamiendo con mirada nueva
cada inocencia milenaria
que fuimos desaprendiendo
a bofetadas de madurez.
Dos más dos son cuatro,
NO dos cisnes robando una cruz 2 + 2 = 4
a una silla al revés
a través de unos raíles.
El día sabe que ahora
dos más dos son miedo
a que no den cuatro
con los últimos ojos,
y me ha puesto una sombra
para vigilarme.
Ya puede el día sonreírme,
es de noche cuando me besas.