ALYA
Poeta fiel al portal
Últimamente en donde estoy
veo gente triste y cabizbaja,
inclinan sus cabezas como hurgando en el suelo
recuerdos mutilados.
Veo sus caras y encuentro ojos sepulcrales
que nada ofrecen fuera del vacío
guardado en sus almas con olor a muerte.
El aire huele a gente rendida,
de espaldas doblegadas por el peso
de las esperanzas rotas que han cargado desde siempre.
Algunas se inclinan sobre sus huesos, parecen intentar
recoger trozos de algún pasado hermoso.
Multitud de lamentos callados, se ven tatuados en esos rostros.
De súbito, un rostro en particular me atrapa,
misterioso, pero igual de vacío,
líneas amargas, hablan de sus tristezas
alma huérfana de la nobleza de los sentimientos,
los surcos de esa cara tienen las huellas eternas
de las lágrimas derramadas,
lágrimas hoy ausentes en ese mudo rostro
que sin palabras cuenta su historia y los desencuentros con la vida.
De súbito el cristal del edificio donde estoy contemplando a la gente
me confiesa que ese rostro y sus misterios, soy yo.
veo gente triste y cabizbaja,
inclinan sus cabezas como hurgando en el suelo
recuerdos mutilados.
Veo sus caras y encuentro ojos sepulcrales
que nada ofrecen fuera del vacío
guardado en sus almas con olor a muerte.
El aire huele a gente rendida,
de espaldas doblegadas por el peso
de las esperanzas rotas que han cargado desde siempre.
Algunas se inclinan sobre sus huesos, parecen intentar
recoger trozos de algún pasado hermoso.
Multitud de lamentos callados, se ven tatuados en esos rostros.
De súbito, un rostro en particular me atrapa,
misterioso, pero igual de vacío,
líneas amargas, hablan de sus tristezas
alma huérfana de la nobleza de los sentimientos,
los surcos de esa cara tienen las huellas eternas
de las lágrimas derramadas,
lágrimas hoy ausentes en ese mudo rostro
que sin palabras cuenta su historia y los desencuentros con la vida.
De súbito el cristal del edificio donde estoy contemplando a la gente
me confiesa que ese rostro y sus misterios, soy yo.