Desconsuelo

Spasst

Poeta asiduo al portal
Lanza un barrilete al viento,
se levanta una brisa de esperanza,
agarro la cola y de bruces contra el suelo,
al contacto con la realidad*.

Busco en la rutina reflexiones,
la sintonía de mi Ada,
que se fue de vacaciones,
con ella la suerte que me irradiaba.

Apago el día, me invade el recuerdo.
Abro los ojos: mi retina estalla,
de color, el desconsuelo.
Pasa el toro de Osborne,
guarda mi esencia la tinaja,
y es otra sombra que se me escapa.

Abrazando el frescor de la soledad,
acabé tiritando de frío:
te llevaste la primavera,
y me dejaste el invierno.

Imitando a Shabbetai Zevi,
rehuyendo de una victoria sobrevenida,
sin querer afrontar las aprensiones,
encontré la Virgen de Urakami.

Cuando apareció tu sombra,
me avino el pasado,
me recordó con mi alegría condenado.
En prisión queda el alma sola.

Fugaz llanto de tristeza,
extraña condena en libertad condicional,
hasta que aparezca la jueza,
con su presencia condenatoria.

Háblame del presente,
que apague este futuro tan incierto.
Y es que el hilo, a veces,
no se rompe por lo más delgado.

Qué necesario y complicado hablar
cuando no se encuentran explicaciones;
mientras solo queda la amistad:
un bálsamo que cicatriza profundas llagas.
 

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