Alfredo Vicente Guzman
Poeta asiduo al portal
Mi quevedo, señor mío,
déjeme vos relatarle,
en esta temprana tarde,
lo que me ha sobrevenido.
Media dama y un abanico,
soñara yo de una belleza,
pero girando noventa
¡vaya cornada ha metido!
Tras un combate sin honra,
vencedora, ella cabalga,
corazón en una lanza,
y la mi mente en una olla.
Su sombra encantadora
en mí calcada la tengo,
acercarme no me atrevo
sin ofrecerle una rosa.
Pero perdonen mi mente:
un molino, un pensamiento.
Un obelisco, olla hirviendo;
alterado está mi vientre.
La vergüenza me gallina,
mas ahora que estoy cuerdo
y en acertado momento
oso preguntar audiencia.
¡Un corazón hazme falta!
resonaba en las neuronas
mas ante tal amapola
olvidome la demanda
¡Tantas batallas perdidas!
Con el costado sangriento
y túrbidos pensamientos
me ofrezco a ti, poesía.
De "Arbustos"
déjeme vos relatarle,
en esta temprana tarde,
lo que me ha sobrevenido.
Media dama y un abanico,
soñara yo de una belleza,
pero girando noventa
¡vaya cornada ha metido!
Tras un combate sin honra,
vencedora, ella cabalga,
corazón en una lanza,
y la mi mente en una olla.
Su sombra encantadora
en mí calcada la tengo,
acercarme no me atrevo
sin ofrecerle una rosa.
Pero perdonen mi mente:
un molino, un pensamiento.
Un obelisco, olla hirviendo;
alterado está mi vientre.
La vergüenza me gallina,
mas ahora que estoy cuerdo
y en acertado momento
oso preguntar audiencia.
¡Un corazón hazme falta!
resonaba en las neuronas
mas ante tal amapola
olvidome la demanda
¡Tantas batallas perdidas!
Con el costado sangriento
y túrbidos pensamientos
me ofrezco a ti, poesía.
De "Arbustos"
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