Gaita
Poeta recién llegado
El grifón estaba abierto, el cántaro roto derrochaba benditos poemas
uno tras otro uno tras otro.
Todos mis caminos conducían a la taciturna soledad
mientras derribaba muros de papel,
quedándome dentro de mí y de mi cárcel de aire caliente…
ese era mi infierno…
Debería revolver mi indiferencia y mi latido prolongado,
desafinando en la tormenta… estuve, cual poeta maldito.
Cuándo no queda más sentido por el que despertar, es crudo, es difícil.
Debería pedir perdón, porque lastimé mucho más que un sentimiento.
Era la inspiración total, en mi condena de varón, del qué le vas a hacer
y ya no existían caminos íntegros, todo estaba roto en mi vida…
fui paria
mientras no me quedaba más que la cara solitaria de la moneda
bajo la luna plateada reflejándose, fríamente en el lago de mis ojos.
Todo era un duro sufrimiento, aunque tuve recibo de la bohemia
del dónde estarás, hermano querido.
Nada quedaba ya, más que una chica atravesada en mi garganta
y desafinando las arpas de los ángeles celestes
escribía en el medio del vacío, desafiando al tiempo.
No existía dignidad y en mi recta final no tuve una sola idea.
Me dejé solo, en el qué dirán. De repente, desperté del sueño malo
y lloré como un niño, donde volvía todo lo que antes fue un réquiem.
Me encontré con dos centavos, tres deseos y un reloj.
Agradezco el vuelto, porque una tarde de otoño me vine a encontrar
con el amor de mi vida.
uno tras otro uno tras otro.
Todos mis caminos conducían a la taciturna soledad
mientras derribaba muros de papel,
quedándome dentro de mí y de mi cárcel de aire caliente…
ese era mi infierno…
Debería revolver mi indiferencia y mi latido prolongado,
desafinando en la tormenta… estuve, cual poeta maldito.
Cuándo no queda más sentido por el que despertar, es crudo, es difícil.
Debería pedir perdón, porque lastimé mucho más que un sentimiento.
Era la inspiración total, en mi condena de varón, del qué le vas a hacer
y ya no existían caminos íntegros, todo estaba roto en mi vida…
fui paria
mientras no me quedaba más que la cara solitaria de la moneda
bajo la luna plateada reflejándose, fríamente en el lago de mis ojos.
Todo era un duro sufrimiento, aunque tuve recibo de la bohemia
del dónde estarás, hermano querido.
Nada quedaba ya, más que una chica atravesada en mi garganta
y desafinando las arpas de los ángeles celestes
escribía en el medio del vacío, desafiando al tiempo.
No existía dignidad y en mi recta final no tuve una sola idea.
Me dejé solo, en el qué dirán. De repente, desperté del sueño malo
y lloré como un niño, donde volvía todo lo que antes fue un réquiem.
Me encontré con dos centavos, tres deseos y un reloj.
Agradezco el vuelto, porque una tarde de otoño me vine a encontrar
con el amor de mi vida.
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