Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh tú, misterio que vienes siempre
como el desenfrenado mar,
agua o espuma que nunca
descubren unos pies en la orilla;
quizás unas piernas largas
que como un horizonte se quieren perder;
bordes de aguas que quisieran rozar
unas huellas delgadas sin voz, unos dedos desnudos.
Como el frío son tus hondos lamentos,
latidos que huyen como un largo río
desbordando la tierra,
dibujando la marca definitiva de unos pies en la arena.
Oh tú, trueno que te acercas sin ruido sobre la huella:
ojos donde nace una única luz.
No saben de un amor desmesurado,
sólo sufrimiento o dolor a la deriva.
Así tus besos que como una barca se alejan
siempre amables, rapidísimos entre la bruma.
Sobre las huellas, la marea tuerce el destino:
memoria u olvido de un alto mar.
© Copyright
como el desenfrenado mar,
agua o espuma que nunca
descubren unos pies en la orilla;
quizás unas piernas largas
que como un horizonte se quieren perder;
bordes de aguas que quisieran rozar
unas huellas delgadas sin voz, unos dedos desnudos.
Como el frío son tus hondos lamentos,
latidos que huyen como un largo río
desbordando la tierra,
dibujando la marca definitiva de unos pies en la arena.
Oh tú, trueno que te acercas sin ruido sobre la huella:
ojos donde nace una única luz.
No saben de un amor desmesurado,
sólo sufrimiento o dolor a la deriva.
Así tus besos que como una barca se alejan
siempre amables, rapidísimos entre la bruma.
Sobre las huellas, la marea tuerce el destino:
memoria u olvido de un alto mar.
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