Mi corazón
como otras veces
discrepa con mi pensamiento,
se empeña en ser adolescente
ahora que puede.
Hace algunos años los sentimientos
estaban casi exclusivamente
en mi cerebro,
y ha veces en el estomago.
Sin saber como
mi pecho dolía
lloraba;
luego se calmo,
altero su ritmo,
se estrecho.
Mas tarde sintió cosas nuevas,
abrió un inmenso abanico de sensaciones
y fue capaz
de encontrar matices
que nunca antes había advertido.
Como en los buenos oleos,
la profundidad se lleno de violetas
y en la cercanía flotaba el amarillo
pugnando con el blanco
y las sombras.
Fui adquiriendo
una gran gama de colores
que agudizaban todos mis sentidos.
Llore y reí casi sin transición,
apenas nubló la pena mi cara,
mi voz se levantó autoritaria…
Y en plena juventud de emociones
mi cuerpo conoció también
el dolor de los años,
la certeza de estar despierta
y la muerte de la idealización.
Ya no necesito soñar.
como otras veces
discrepa con mi pensamiento,
se empeña en ser adolescente
ahora que puede.
Hace algunos años los sentimientos
estaban casi exclusivamente
en mi cerebro,
y ha veces en el estomago.
Sin saber como
mi pecho dolía
lloraba;
luego se calmo,
altero su ritmo,
se estrecho.
Mas tarde sintió cosas nuevas,
abrió un inmenso abanico de sensaciones
y fue capaz
de encontrar matices
que nunca antes había advertido.
Como en los buenos oleos,
la profundidad se lleno de violetas
y en la cercanía flotaba el amarillo
pugnando con el blanco
y las sombras.
Fui adquiriendo
una gran gama de colores
que agudizaban todos mis sentidos.
Llore y reí casi sin transición,
apenas nubló la pena mi cara,
mi voz se levantó autoritaria…
Y en plena juventud de emociones
mi cuerpo conoció también
el dolor de los años,
la certeza de estar despierta
y la muerte de la idealización.
Ya no necesito soñar.