luz
Poeta que considera el portal su segunda casa
[center:7264e83d20]Desde el primer momento
estuviste dentro de mí.
¿Hasta qué punto deseo tu cuerpo?
No lo sé, pero allí estuviste
y lo estás siempre
que, yaciendo en mi lecho,
dejo vagar mi pensamiento.
Es tal el deseo que provocas
que sin poder siquiera
tocar tu rostro, estás dentro de mí.
Lo estuviste desde que comencé
a leer tus relatos,
Con ellos sentí que tus manos
me poseían, me hacían tuya.
Sí. Me poseían en todos los sentidos.
Fueron recorriendo lentamente
todo mi cuerpo sediento, ávido
de dulces y atrevidas caricias.
Primero fueron tus manos.
Con ansiedad requerí tus besos:
tu lengua entrelazada con la mía
como dos serpientes enroscadas.
Mi cuerpo, deseando cada vez más,
apretándose con el tuyo y entonces
fueron mis manos las que buscaron
aquello que mi sexo reclamaba.
Qué placer sentí al encontrar
receptivo y dispuesto a darme
todo el placer imaginado.
Tal era nuestra ansiedad
que pronto te hiciste dueño de mis sentidos
como yo de los tuyos,
hicimos el amor, una y mil veces,
hasta quedar exhaustos.
Ponle rostro y cuerpo
a mis pensamientos
y sólo tendrás el prólogo
del libro de las horas
que podemos disfrutar.
A tu lado he resurgido
como el Ave Fenix.[/center:7264e83d20]
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estuviste dentro de mí.
¿Hasta qué punto deseo tu cuerpo?
No lo sé, pero allí estuviste
y lo estás siempre
que, yaciendo en mi lecho,
dejo vagar mi pensamiento.
Es tal el deseo que provocas
que sin poder siquiera
tocar tu rostro, estás dentro de mí.
Lo estuviste desde que comencé
a leer tus relatos,
Con ellos sentí que tus manos
me poseían, me hacían tuya.
Sí. Me poseían en todos los sentidos.
Fueron recorriendo lentamente
todo mi cuerpo sediento, ávido
de dulces y atrevidas caricias.
Primero fueron tus manos.
Con ansiedad requerí tus besos:
tu lengua entrelazada con la mía
como dos serpientes enroscadas.
Mi cuerpo, deseando cada vez más,
apretándose con el tuyo y entonces
fueron mis manos las que buscaron
aquello que mi sexo reclamaba.
Qué placer sentí al encontrar
receptivo y dispuesto a darme
todo el placer imaginado.
Tal era nuestra ansiedad
que pronto te hiciste dueño de mis sentidos
como yo de los tuyos,
hicimos el amor, una y mil veces,
hasta quedar exhaustos.
Ponle rostro y cuerpo
a mis pensamientos
y sólo tendrás el prólogo
del libro de las horas
que podemos disfrutar.
A tu lado he resurgido
como el Ave Fenix.[/center:7264e83d20]
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