kanb
Poeta fiel al portal
Me miras, desnudo, desde la cama
mientras abandono la habitación
pasada la agitación entre las sábanas,
voy en busca de un cigarrillo
y al sentir tus ojos sobre mi piel expuesta,
me pongo roja de vergüenza,
como niña recién descubierta
intento que no se note mi sorpresa
ni cohibirme bajo la lupa de tus pestañas.
Me sobrepongo poco a poco
a la intensidad de tu mirada,
a la falta de respeto de tus pupilas celestes
que escudriñan mis rincones sin diplomacia
y me tocan desde lejos descaradas,
despacio exhalo el primer humo...
Como si pudiera hacerlo fácilmente
te devuelvo tu vista sin bajar la frente,
y sonríes.
Me observas, desnudo, desde la cama,
concentrado en mis recovecos,
sin sumisión y falto de prejuicio en el desvelo
de la noche que nos dimos
pasión de los cuerpos, sed de las almas, corazones hambrientos,
siento tu iris de cielo devorándome cada centímetro
acariciándome a la vez
con su brillo mal educado y su fuego consentido,
improviso una postura despreocupada
sosteniendo el tabaco entre los dientes
le doy al vicio otra pitada,
preciosas lagunas de tu cara pálida a la luz tenue
infiltrada suavemente por la ventana
que me bañan toda y que me llaman
a rendirme nuevamente a los instintos,
como si mi existencia dependiera únicamente de tus ojos
yo, que había desaparecido,
renazco en su reflejo, iluminada.
mientras abandono la habitación
pasada la agitación entre las sábanas,
voy en busca de un cigarrillo
y al sentir tus ojos sobre mi piel expuesta,
me pongo roja de vergüenza,
como niña recién descubierta
intento que no se note mi sorpresa
ni cohibirme bajo la lupa de tus pestañas.
Me sobrepongo poco a poco
a la intensidad de tu mirada,
a la falta de respeto de tus pupilas celestes
que escudriñan mis rincones sin diplomacia
y me tocan desde lejos descaradas,
despacio exhalo el primer humo...
Como si pudiera hacerlo fácilmente
te devuelvo tu vista sin bajar la frente,
y sonríes.
Me observas, desnudo, desde la cama,
concentrado en mis recovecos,
sin sumisión y falto de prejuicio en el desvelo
de la noche que nos dimos
pasión de los cuerpos, sed de las almas, corazones hambrientos,
siento tu iris de cielo devorándome cada centímetro
acariciándome a la vez
con su brillo mal educado y su fuego consentido,
improviso una postura despreocupada
sosteniendo el tabaco entre los dientes
le doy al vicio otra pitada,
preciosas lagunas de tu cara pálida a la luz tenue
infiltrada suavemente por la ventana
que me bañan toda y que me llaman
a rendirme nuevamente a los instintos,
como si mi existencia dependiera únicamente de tus ojos
yo, que había desaparecido,
renazco en su reflejo, iluminada.
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