Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Polvo de sol,
adherido a la piel, en los márgenes del camino
a los charcos, engendrados por nubes parturientas
a oquedades, que dejaron dedos sobre arcilla humana.
Polvo enraizado,
en la ceniza viva de otros tiempos
en los labios repetidos, infinidad de veces,
aquí y allá,
alzados como ligeras columnas
verdes en su temblor y firmes en el deseo.
Polvo que el viento dispersa sin cesar
luz, desde la desnudez de unas alas.
adherido a la piel, en los márgenes del camino
a los charcos, engendrados por nubes parturientas
a oquedades, que dejaron dedos sobre arcilla humana.
Polvo enraizado,
en la ceniza viva de otros tiempos
en los labios repetidos, infinidad de veces,
aquí y allá,
alzados como ligeras columnas
verdes en su temblor y firmes en el deseo.
Polvo que el viento dispersa sin cesar
luz, desde la desnudez de unas alas.