Mian
Poeta fiel al portal
Quizás no sepamos donde vamos
y nuestras manos sean culpables,
y haya un ruido de caminos difusos
que no nos atrevemos a escuchar.
Hay quien dice
que ya nos acostumbramos al eco
de nuestro propio discurso,
que nos ha dejado de hacer daño.
Tal vez
aquella ciudad de luces artificiales
fue edificada dentro de nosotros,
refugio seguro,
desde donde observamos,
absortos,
nuestro tiempo.
y nuestras manos sean culpables,
y haya un ruido de caminos difusos
que no nos atrevemos a escuchar.
Hay quien dice
que ya nos acostumbramos al eco
de nuestro propio discurso,
que nos ha dejado de hacer daño.
Tal vez
aquella ciudad de luces artificiales
fue edificada dentro de nosotros,
refugio seguro,
desde donde observamos,
absortos,
nuestro tiempo.