Troto
Pablo Romero Parada
Desde que marchaste, ya no
huele a paso-doble ni a esmeralda
los sollozantes pulsos. No me apetece
rebelarme contra todo lo que no sea yo
mismo, ni quiero imaginarte suspirando...
Desde que me abandonaste, saben a madreselva
las ideas de tu recuerdo, se abandonan por no competir
los placeres y muerde más que el viento el silencio
del costillar. El frío de besarte sudoroso en la oscuridad
de las cuatro de la mañana flagela al ansia de pisar fuerte.
Me hace quedar a tres segundo de la honda respiración.
Vivía un escalón por debajo hasta que aprendí a imaginarte
constantemente.
huele a paso-doble ni a esmeralda
los sollozantes pulsos. No me apetece
rebelarme contra todo lo que no sea yo
mismo, ni quiero imaginarte suspirando...
Desde que me abandonaste, saben a madreselva
las ideas de tu recuerdo, se abandonan por no competir
los placeres y muerde más que el viento el silencio
del costillar. El frío de besarte sudoroso en la oscuridad
de las cuatro de la mañana flagela al ansia de pisar fuerte.
Me hace quedar a tres segundo de la honda respiración.
Vivía un escalón por debajo hasta que aprendí a imaginarte
constantemente.
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