Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le lloré a ese amor que se ha ido,
aunque sus alas, hoy se queden conmigo.
Grité hasta perder el sentido;
Esperando que el eco de su voz, guarden mis oídos.
Abrasé su recuerdo en mi pecho, y con él, un vago lamento.
Inhalé del aire su fragancia, que me llena de cruda nostalgia.
Sentí el vacío de su ausencia, anhelando tener su presencia.
Miré su rostro amado, que en mi alma lo llevo gravado.
Caminé buscando su mano, encontrando tan solo lo humano.
Corrí detrás de su huida, esperando encontrar la salida.
Recé en cada rincón, sin poder encontrar solución.
Soñé su mágica sonrisa, y me acaricio el pelo con la brisa.
Pregunté y no me contestó.
Desperté y solo se marchó.
Me invadió de pronto la melancolía, añorando todo lo que yo tenía.
Me abrazó tan fuerte la soledad, que hasta me costaba respirar.
Cerré mis ojos, ya no quise saber más.
Eso es lo que hago, desde que tú ya no estás.
aunque sus alas, hoy se queden conmigo.
Grité hasta perder el sentido;
Esperando que el eco de su voz, guarden mis oídos.
Abrasé su recuerdo en mi pecho, y con él, un vago lamento.
Inhalé del aire su fragancia, que me llena de cruda nostalgia.
Sentí el vacío de su ausencia, anhelando tener su presencia.
Miré su rostro amado, que en mi alma lo llevo gravado.
Caminé buscando su mano, encontrando tan solo lo humano.
Corrí detrás de su huida, esperando encontrar la salida.
Recé en cada rincón, sin poder encontrar solución.
Soñé su mágica sonrisa, y me acaricio el pelo con la brisa.
Pregunté y no me contestó.
Desperté y solo se marchó.
Me invadió de pronto la melancolía, añorando todo lo que yo tenía.
Me abrazó tan fuerte la soledad, que hasta me costaba respirar.
Cerré mis ojos, ya no quise saber más.
Eso es lo que hago, desde que tú ya no estás.